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¿Cómo conseguir una ventaja en costes para nuestra empresa?

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Os explicamos cómo abordar la competencia en costes en los mercados más competidos mediante factores como la localización, las economías de escala, la gestión de la demanda o la inclusión de nuevas tecnologías.

A la hora de diseñar la estrategia comercial de nuestra compañía, dos son las claves que marcarán el éxito o el fracaso de la misma: el precio y el valor diferencial del producto o servicio en cuestión. Sobre esos dos ejes se articulan todas las políticas de las empresas y las preferencias de los consumidores, configurando a su vez el epicentro de toda nuestra atención corporativa.

Competir en precio o en valor diferencial (o en una combinación de ambas) no siempre es una elección sencilla. Existen mercados donde apenas se puede aportar un extra al producto, debido a que está excesivamente commoditizado (ejemplo: una barra de pegamento para manualidades) por lo que las compañías se ven obligadas a competir en precio para atraer a más clientes. Por el contrario, hay firmas como Apple que logran -mediante tecnología pero, especialmente, de marketing- aportar luz sobre negocios muy intensivos y subir el precio de los mismos sin que eso afecte a su nivel de ventas.

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Múltiples estrategias que, en el caso del valor diferencial, deben ser analizadas de forma personalizada para cada tipo de actividad y nicho de negocio. No ocurre lo mismo cuando hablamos de estrategias a coste: ahí existen algunas políticas o metodologías comunes a prácticamente todos los mercados. A continuación te explicamos algunas de estas fórmulas para reducir el coste de los productos que comercializamos, sin afectar ni a su calidad ni al margen de beneficios que obtenemos.

Localización

La primera clave a tener en cuenta en una competencia por costes es mirar con lupa los factores de producción que influyen en el precio final del producto.

Uno de ellos es el factor de localización, es decir, las diferencias salariales entre países. No es de extrañar que muchas fábricas se encuentren en zonas del este de Europa, norte de África o Asia en busca de nóminas y condiciones laborales (como la inexistencia de sindicatos) que abaraten la mano de obra (en el sector tecnológico, ahí están los ejemplos de outsourcing en la India o China). Pero la localización no solo tiene que ver con los salarios, sino también con otros costes habituales como son los de energía, transporte, conectividad o la propia oscilación de las monedas de uno y otro lugar del mundo.

Economías de escala

Otro aspecto esencial a contemplar son las economías de escala, un principio de todo modelo productivo y que se basa en que a mayor fabricación, menor es el coste individual de dar vida a cada producto. Dicho de forma más exacta, “los incrementos proporcionales en la cuantía de los inputs empleados en un proceso de producción dan como resultado un incremento más que proporcional en la producción total”.

¿Cómo se logra hacer realidad esa economía de escala? En primera instancia, lo que tenemos que tener en cuenta es que muchos incrementos de producción no requieren de los mismos incrementos en los factores empleados, como son gastos de transporte, ensamblaje o incluso personal. En otros casos, los factores de producción no se encuentran disponibles para fabricaciones a pequeña escala, debido principalmente a barreras de entrada demasiado altas, como sucede en la industria química o la automotriz.

Gestión de la demanda

Imaginen una fábrica de juguetes, cuya capacidad de fabricación se acelera notablemente en los meses cercanos a Navidad. Eso significa que, en este período, la compañía es capaz de reforzar sus fábricas con horas extra de trabajadores, más turnos (noche), más velocidad en la operativa de las máquinas o reduciendo el tiempo de mantenimiento.

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O, visto desde el lado contrario, significa que el resto del año la fábrica está infrautilizada. Y tanto cuando se infrautiliza como cuando se genera una situación de alta demanda, los costes de producción se disparan. Por eso, sabiendo gestionar y predecir la demanda es fundamental para mantener los niveles de fabricación en el baremo óptimo.

La inclusión de las nuevas tecnologías

Otro elemento a sumar en esta particular definición del negocio pasa por la inclusión de las nuevas tecnologías en el diseño y proceso de producción para reducir los costes de ambas fases del producto. En ese sentido, las empresas pueden explotar las ventajas de las máquinas-herramienta de control numérico, que permiten fabricar mayor variedad de productos con las mismas instalaciones, ya que el equipo es capaz de realizar diversas operaciones cambiando la herramienta.

Igual sucede con las tecnologías de proceso. Eso se explica en tanto que el método de producción es técnicamente superior cuando para fabricar una unidad de producto se emplea menor cantidad de un factor sin tener que utilizar una cantidad mayor de otro. Un campo en el que se engloban metodologías como la mejora de la organización y gestión de la producción o la adopción de sistemas flexibles de fabricación (FMS) y de fabricación integrada por ordenador (CIM).

Sobre el autor de este artículo

Alberto Iglesias Fraga

Periodista especializado en tecnología e innovación que ha dejado su impronta en medios como TICbeat, El Mundo, ComputerWorld, CIO España, Kelisto, Todrone, Movilonia, iPhonizate o el blog Think Big de Telefónica, entre otros. También ha sido consultor de comunicación en Indie PR. Ganador del XVI Premio Accenture de Periodismo y Finalista en los European Digital Mindset Awards 2016.