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Comienza a aclararse la venta de los chips de Toshiba a manos de Western Digital

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Parece que Western Digital está dispuesta a ceder el control de la unidad de chips de Toshiba para facilitar su compra y saldar la escalada de demandas judiciales.

La operación que debe salvar a Toshiba se está convirtiendo en una auténtica pesadilla para la firma japonesa, amenazada de quiebra desde que estallara su inmenso escándalo financiero y se declarara la bancarrota de su filial nuclear. Hablamos de sus chips de memoria, una unidad de negocio valorada en más de 18.000 millones de dólares y que ha tenido más de una decena de postores en los últimos meses.

Aves carroñeras que se abalanzaron sobre los restos de la antaño todopoderosa industria nipona y entre las que finalmente Toshiba eligió a un consorcio formado por el gobierno japonés y la surcoreana SK Hynix. Sin embargo, otro de los grandes postores -Western Digital- comenzó una escalada judicial para impugnar toda la venta al entender que tenían el privilegio de negociar esta operación en exclusiva en base a anteriores alianzas.

Pues bien, parece que Western Digital podría acabar haciéndose con este jugoso pastel a cambio de 1,9 billones de yenes (17.300 millones de dólares). Y lo podría hacer gracias a sus llamativos guiños a los reguladores y pequeños accionistas nipones, muy proclives a mantener el control de una empresa tan estratégica como esta en manos locales.

El loco cruce de demandas entre Toshiba y Western Digital

En un primer instante, la multinacional norteamericana selló una alianza con el fondo público-privado Innovation Network Corp of Japan (INCJ) y el Banco de Desarrollo de Japón (DBJ). Y, ahora, hemos conocido que Western Digital está incluso dispuesta a no tener un rol de control en la división de chips de memoria, renunciando a los derechos de voto a corto plazo y limitándolos en cualquier caso a menos de un tercio del total. Eso incluye también la conversión de los bonos en acciones, de acuerdo a Reuters.

Lo cierto es que a Toshiba le urge cerrar esta operación, en marcha desde hace casi un año y que debe culminarse antes del próximo marzo (descontando los seis meses de aprobación, debe aprobarse la venta antes de final de mes), cuando acaba su año fiscal y se deben presentar cuentas (no sabemos si con el apoyo de su auditor o jugándose otra vez la confianza del mercado). Si no se desprende de esta filial, es más que probable que la compañía nipona acabe con patrimonio neto negativo por segundo año consecutivo (tres si nos atenemos a los resultados reales que propone PwC) con lo que sería expulsada de la Bolsa de forma fulminante.

Sobre el autor de este artículo

Alberto Iglesias Fraga

Periodista especializado en tecnología e innovación que ha dejado su impronta en medios como TICbeat, El Mundo, ComputerWorld, CIO España, Kelisto, Todrone, Movilonia, iPhonizate o el blog Think Big de Telefónica, entre otros. También ha sido consultor de comunicación en Indie PR. Ganador del XVI Premio Accenture de Periodismo y Finalista en los European Digital Mindset Awards 2016.