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5 cosas que la serie ‘Silicon Valley’ (HBO) nos enseña sobre emprendimiento digital

Las distintas situaciones a las que se enfrenta el emprendimiento digital quedan reflejadas a la perfección en la serie Silicon Valley, de HBO. ¿Quieres saber cuáles son para no cometer los mismos errores?

No hay dudas de que ‘Juego de Tronos’ es la serie estrella de HBO en estos momentos, levantando toda clase de pasiones y atrayendo a miles de fans hacia esta particular lucha de poder en los Siete Reinos. Sin embargo, en el enorme catálogo de esta plataforma podemos encontrar otras muchas series que merecen nuestra atención.

Una de ellas, en el plano de las sitcom, es ‘Silicon Valley‘, comedia que nos narra la evolución de un grupo de programadores al frente de su startup -El Flautista (Pied Piper)- y su cruenta lucha contra una gran multinacional del valle por liderar una nueva tecnología de compresión de archivos.

En esta obra maestra de la ficción -que recuerda en sus personajes a otras populares series como ‘Big Bang Theory’-, podemos adentrarnos en las luces y sombras del emprendimiento en la meca de lo digital por excelencia.

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Y es que sus personajes principales (con el fundador de la startup Richard Hendricks, interpretado por Thomas Middleditch, a la cabeza) van avanzando al ritmo de vida de la propia compañía: desde el hallazgo de una prometedora idea, pasando por su aceleración en una curiosa incubadora, hasta su enfrentamiento por propiedad intelectual contra un gigante.

Por el medio del camino, también pasaremos por la fase de encontrar inversores, la sempiterna amenaza del ‘efecto demo’, la pugna de los accionistas por sustituir al inexperto fundador por un CEO con experiencia o el riesgo de abandonar la innovación por conseguir un retorno económico inmediato.

Como no, una serie ambientada en el mundo del emprendimiento digital puede servirnos para aprender unas cuantas lecciones muy valiosas a la hora de poner en marcha nuestra nueva compañía. Aprendamos de los vaivenes de Richard y los suyos para no cometer sus mismos errores con los siguientes cinco consejos para una startup:

Leyes, leyes y leyes

No hay nada que moleste más que la burocracia y las leyes a la hora de poner en marcha una nueva empresa. Pero quizás en el caso de los programadores, genios que solo quieren escribir líneas de código en su revolucionario algoritmo, este tema sea todavía menos atractivo.

Sin embargo, no prestar la suficiente atención a los aspectos legales de nuestra startup nos puede costar muy caro e, incluso, provocar el fin anticipado de nuestro proyecto.

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En ‘Silicon Valley‘ vemos dos ejemplos claros de los peligros de obviar la regulación. El primero de ellos es recurrente en todas las temporadas, ya que el algoritmo de Pied Piper se desarrolló inicialmente en un ordenador de Hooli (el coloso enemigo) donde Richard estaba trabajando, con lo que no está del todo claro a quién pertenece la propiedad intelectual de esta tecnología y permite a la multinacional denunciar al pequeño grupo de ‘geeks’.

Más tarde, cuando la aplicación de Pied Piper ya comienza a ser un éxito, los jóvenes programadores se dan cuenta de un pequeño gran problema: no han puesto una edad mínima para usar su plataforma, con lo que se enfrentan a cuantiosas multas por no haber gestionado este aspecto normativo básico.

De haber contado con el asesoramiento legal adecuado, seguramente habrían evitado este incidente desde un inicio.

Olvida el nicho de mercado

Uno de los principios fundamentales a la hora de emprender una aventura digital es encontrar un nicho de público que pueda estar interesado en nuestra tecnología. O, dicho de otro modo, enfocar nuestra solución para solucionar un caso o necesidad concreta en la sociedad.

Pero si algo hemos aprendido de los gigantes del mundo digital (como Google -en origen un simple buscador-, Facebook -una red social-, Amazon -una tienda online de libros- o Microsoft- un sistema operativo-) es que eso solo debe ser el comienzo para metas mucho más ambiciosas.

En la serie de HBO, el fundador y líder de la imperialista Hooli -Gavin Belson- expone este mismo principio al hablar del algoritmo de compresión en el que se centra la serie.

“Si podemos hacer que los archivos de audio y vídeo sean más pequeños, podemos reducir el cáncer. Y el hambre. Y el SIDA”. Quizás eso sea soñar demasiado, pero lo que está claro es que esas miras amplias tienen mucho más potencial que la idea original de Richard de limitarse a comprimir canciones para detectar infracciones en los derechos de autor.

¿Venture capital o venderse al mejor postor?

Cuando uno funda una startup prometedora suele enfrentarse a un mismo dilema que marcará el devenir completo de la historia: vender a la primera gran compañía que nos ofrezca un buen pellizco por nuestra tecnología para luego desarrollarla dentro de esa multinacional o, por el contrario, seguir con el proyecto contra viento y marea, recurriendo a la ayuda de un fondo de capital riesgo para financiar los primeros años de vida de la compañía.

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Eso es precisamente lo que debe decidir Richard cuando recibe una oferta de compra de 10 millones de dólares por parte de Hooli al mismo tiempo que le era ofrecida una financiación de capital riesgo para hacer crecer su idea.

En este caso, el joven y poco habilidoso socialmente programador opta por confiar en su iniciativa y recurre a la tutorización del venture capital. Aunque, eso sí, también acarrea sus propios riesgos: en la serie, Richard acaba cediendo la mayoría de votos en el consejo de administración y es relevado de su cargo como CEO en contra de su opinión.

Todo firmado

Volvemos al aspecto de la ley y la norma, el eterno olvidado de los desarrolladores centrados en la pantalla de su ordenador. Y es que, en un mundo tan competitivo como es el del emprendimiento digital, no te puedes fiar de nadie. Ni tan siquiera de tus mejores amigos.

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¿Cómo se muestra esto en ‘Silicon Valley‘? Al comienzo de la cuarta temporada, Richard Hendricks entrega las riendas de Pied Piper  (reconvertida en Piper Chat) a su amigo y excompañero Dinesh, mientras él quiere desarrollar una nueva tecnología para el Internet distribuido del futuro.

Ambos llegan a un acuerdo para compartir tanto el algoritmo de compresión como la base de datos de la compañía. Pero cuando Richard trata de entrar a la base de datos, se da cuenta de que su amigo Dinesh le ha bloqueado intencionadamente cuando purgó a todos los exempleados de la startup. “Tuvimos un acuerdo, no un trato”, le dice. Y es que, sin firma no hay nada que pelear.

Confiar en la comunidad

La mejor forma de contrastar la viabilidad de una idea de negocio es dejar que la comunidad, nuestro público objetivo real, pueda probar la tecnología y darnos su feedback sincero. En algunos casos (pocos) validará nuestra apuesta; en la mayoría nos obligará a pivotar o reforzar ciertas patas del plan de desarrollo y, en algunos casos concretos, obligará a repensar el sentido entero de la compañía.

Para muestra, un botón en ‘Silicon Valley‘. El equipo de Pied Piper lanzó una primera beta de su tecnología de compresión al mercado, con una acogida nefasta pese a la gran capacidad técnica del algoritmo pensado por los jóvenes ingenieros.

Este traspiés obligó a todo el equipo a repensar el modelo de entrega de esta tecnología, apostando por una edición en la nube que podía ser más sencilla de utilizar y llegar a más clientes que su antecesora. El éxito de esta simplificación fue inmediato.

Sobre el autor de este artículo

Alberto Iglesias Fraga

Periodista especializado en tecnología e innovación que ha dejado su impronta en medios como TICbeat, El Mundo, ComputerWorld, CIO España, Kelisto, Todrone, Movilonia, iPhonizate o el blog Think Big de Telefónica, entre otros. También ha sido consultor de comunicación en Indie PR. Ganador del XVI Premio Accenture de Periodismo y Finalista en los European Digital Mindset Awards 2016.