Empresa

Los 4 mandamientos para gestionar una discusión en la oficina

Los 4 mandamientos para gestionar una discusión en la oficina

Una oficina perfecta en la que los empleados nunca discutan ni surja ningún conflicto es, sencilla y llanamente, una utopía. Por eso, la clave reside en gestionar adecuadamente los problemas y enfrentamientos, valiéndote de consejos como los que te proporcionamos a continuación.

Actuar frente a un conflicto en el trabajo no es un asunto sencillo. Rencillas entre compañeros, malentendidos habituales, presión para conseguir buenos resultados o disidencia de opiniones pueden generar de forma puntual o extendida en el tiempo un clima laboral negativo y poco comunicativo, algo que se agrava con la presencia de empleados tóxicos y que puede propiciar un descenso de la productividad y motivación del equipo.

Claves para mejorar tu inteligencia emocional en el trabajo

Las discusiones en la oficina son algo natural, generado por la fricción y el contacto entre compañeros a diario, por la aparición de diferentes puntos de vista y por desgracia, por la existencia de actitudes tóxicas o ambientes de competitividad extrema o liderazgo autoritario. Si quieres sortearlos de forma airosa, sin llegar al enfado excesivo ni a la pelea, te facilitamos estas cuatro claves para mantenerte del lado del conflicto saludable.

4 claves para dominar conflictos en el trabajo

  • Bajo ningún concepto discutas por correo electrónico: El email es una herramienta corporativa muy útil y que te puede servir para múltiples tareas, pero si entrecruzas algunos mensajes con un compañero -también es aplicable para proveedores y clientes- y comienza a florar algún conflicto, es recomendable que paséis del entorno digital al presencial y tengáis una discusión cara a cara para resolver la situación. son el tono de voz, la proxemia o el lenguaje corporalTen en cuenta lo fundamental que a la hora de interactuar con otra persona, algo que se pierde mediante email. Como anotación, el destinatario del correo suele leerlo de forma mucho más negativa que el remitente, algo que engorda el conflicto.
  • No levantes la voz: Especialmente si eres una persona impulsiva o tienes mucho pronto, es fácil que te dejes llevar por la emoción del momento y eleves el tono de voz más de lo recomendable. Sin embargo, es importante que las decisiones corporativas se tomen bajo el prisma del consenso, de la lógica y de la racionalidad, por lo que intenta contar hasta diez mentalmente y explicar tu postura de forma calmada y en un tono de voz normal. 
  • ¿Qué es lo que estás discutiendo realmente?: En muchas discusiones acaloradas, los interlocutores se acaban percatando que, en esencia, ambos estaban argumentando desde el mismo lado o en base a las mismas metas. Declarando previamente tu objetivo y los resultados que realmente esperas obtener evitarás malentendidos y podrás aproximar posiciones o al menos, arrojar más claridad sobre la conversación.
  • No te lo tomes como algo personal: Aunque suene obvio, lo cierto es que es complicado no llevárselo a la práctica. En el momento en el que te tomas una discusión como algo personal desactivas las posibilidades de una resolución lógica y exitosa, ya que puedes sacar a colación asuntos privados, exasperarte y terminar en una pelea embarazosa. Recuerda que, como en un tango, para mantener una discusión profesional hacen falta dos personas que sepan conservar la suficiente madurez y utilizar su inteligencia emocional.

Vía | Inc

Sobre el autor de este artículo

Andrea Núñez-Torrón Stock

Licenciada en Periodismo y creadora de la revista Literaturbia. Entusiasta del cine, la tecnología, el arte y la literatura.