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Tres formas de romper la relación… con tu socio empresarial

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¿Cómo deshacerse de un cofundador de nuestra empresa? ¿Cómo bloquear su derecho al voto o su participación en el negocio? ¿Qué opciones tenemos para asegurar el futuro de la startup ‘a nuestra manera’?

En los negocios, como en el amor, hay veces que las relaciones funcionan y otras en que el fracaso acaba imponiéndose a la ilusión. Dos, tres o los socios que sean se unen en torno a una visión común, compartiendo sus distintas capacidades y proyectando un ambicioso futuro que, sin embargo, acaba lastrado por las rencillas personales, las diferencias estratégicas o creativas, los cambios en la dinámica del negocio o cualquier otra circunstancia de esas que nos da la vida.

En esos casos, se hace inevitable una ruptura, una ‘cese temporal de la convivencia’, un divorcio o, cuanto menos ‘darse un tiempo’. Y como con las relaciones sentimentales, pasar por este proceso no suele ser nada sencillo. 

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¿Cómo deshacerse de un cofundador de nuestra empresa? ¿Cómo bloquear su derecho al voto o su participación en el negocio? ¿Qué opciones tenemos para asegurar el futuro de la startup ‘a nuestra manera’? A continuación, tres vías habituales para romper lazos con nuestros socios de la manera menos dramática para todas las partes.

Comprar su parte de la empresa

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La primera y más obvia salida a una situación inestable e insoportable con un socio es comprarle su parte de la empresa. No es una opción agradable (ninguna lo es) pero sí es la que aportará un remedio más rápido y permitirá romper la relación de forma más rápida. Además, ambas partes ganan: el socio que siga con el negocio logrará el control total del mismo mientras que la otra persona se lleva una interesante ‘tajada’ por sus esfuerzos en el mismo.

La duda al respecto es cuánto pagar por una startup o negocio que no cotiza en Bolsa y, por tanto, carece de valor establecido por el mercado. La regla general dicta que el valor de una persona es el resultado de multiplicar sus doce meses de sueldo por el porcentaje que ostente en la compañía. Esto es, poniendo el ejemplo de un salario de 2.000 euros/mes y el 20% de las acciones de la firma, alrededor de 480.000 euros.

Esa es la norma al uso, porque luego encontramos notables excepciones. En muchos casos, se suelen incluir otros multiplicadores como el porcentaje de crecimiento interanual de la empresa, las previsiones de facturación para próximos años o el valor estimado de la propiedad intelectual o la marca registrada. Igualmente, en negocios que están en una mala situación económica, a veces se opta por fijarse en el valor nominal de la inversión realizada por cada socio, pagando su totalidad o un porcentaje acorde a la devaluación aproximada de la misma.

Royalties a cambio de su salida

Otra opción, especialmente si el cofundador estuvo involucrado en la creación de un producto o servicio, podría ser un acuerdo de royalties. En base a esta suerte de acuerdos, el socio pierde cualquier participación o capacidad sobre la compañía -como si nunca hubiera sido parte de la misma- pero a cambio tiene derecho a un porcentaje determinado sobre las futuras ventas del producto que creó o de cualquiera que esté relacionado o basado en el mismo.

Esta forma de terminar con la relación entre dos socios empresariales es muy útil en casos en que la persona a cargo de la compañía -el que quiere acabar con la asociación- es un hombre de negocios y su contraparte es de un perfil más técnico o prefiere abordar diferentes proyectos creativos en lugar de desarrollar comercialmente un producto ya terminado. Con un acuerdo de royalties, se reconoce la labor del segundo, se le otorgan beneficios de por vida y se le permite llevar su mente a otras lides.

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El emprendedor y autor norteamericano, de origen iraní,  Pejman Ghadimi, anticipa otra de estas posibilidades para romper con nuestro socio empresarial. Quizás sea la más dura o la más dramática, pero a veces es mejor cortar por lo sano.

“Está especialmente pensada para empresas emergentes muy tempranas, cuando todavía no existe lealtad a la marca, y no se ha creado ningún producto o ingreso. En estos casos, ambos pueden elegir renunciar al nombre de la empresa y simplemente comenzar de cero por su cuenta. Si se encuentra con un socio difícil en las primeras etapas de su negocio, entonces tal vez no se analizó la situación lo suficiente y no eligió al socio correcto”, explica el experto.

A tener en cuenta

En cualquiera de las situaciones anteriores, la relación se dará por finalizada y podremos ser libres de actuar sin las dependencias o las cadenas de nuestro antaño socio. Eso sí, debemos tener en cuenta dos factores más antes de acabar con este artículo:

  • Debemos asegurarnos de que, si ambas partes mantienen derechos sobre la tecnología o la propiedad intelectual una vez se acabe la relación comercial, se establezcan pautas claras sobre lo que se permite usar o compartir a cada uno. Esto es: establecer acuerdos de no competencia o no divulgación de los detalles técnicos de nuestros productos o metodologías.
  • No cambiar de idea: con demasiada frecuencia nos sentimos compasivos y decidimos darles a las cosas una oportunidad más. Sin embargo, en los negocios -de nuevo, como en el amor-, la primera impresión es a menudo la correcta y si ya has pensado en romper lazos has de seguir adelante y mantener el rumbo con decisión.

Sobre el autor de este artículo

Alberto Iglesias Fraga

Periodista especializado en tecnología e innovación que ha dejado su impronta en medios como TICbeat, La Razón, El Mundo, ComputerWorld, CIO España, Business Insider, Kelisto, Todrone, Movilonia, iPhonizate o el blog Think Big, entre otros. También ha sido consultor de comunicación en Indie PR. Ganador del XVI Premio Accenture de Periodismo, ganador del Premio Día de Internet 2018 a mejor marca personal en RRSS y finalista en los European Digital Mindset Awards 2016, 2017 y 2018.