Emprendedores

Innovación y financiamiento: el reto urgente de las emprendedoras latinoamericanas

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Escrito por Autor Invitado

En una economía que demanda proyectos innovadores y competitivos, América Latina y el Caribe se encuentran ante el desafío de impulsar a sus emprendedores. Para las mujeres de la región, la clave es fortalecer los nexos con mentores e inversores experimentados.

Vivimos una época marcada por profundas transformaciones. El impacto de la cultura digital está redefiniendo la estructura de las grandes empresas –al menos tal como las conocíamos– y, simultáneamente, vigorizando a los pequeños y medianos emprendedores. En el marco de esta auténtica revolución tecnológica y cultural, las startups están cumpliendo un papel esencial, convirtiendo ideas en proyectos rentables y contribuyendo a la resolución de viejas y nuevas necesidades.

Este alentador contexto de innovación se ha apoyado notablemente en las nuevas herramientas tecnológicas, que han liberado a muchos emprendedores de los imperativos geográficos. En la economía de las ideas, ni Silicon Valley ni otros polos de desarrollo tienen ya el monopolio absoluto de la creatividad. Los ejemplos exitosos de Last Room (una app que permite hacer reservas de último momento en hoteles de América Latina y que llevó a su creadora, la mexicana Ángela Cois, a ganar la Pitch Competition 2013) y Duolingo, (una plataforma gratuita de aprendizaje de idiomas desarrollada en Guatemala), son apenas dos ejemplos que nos confirman que el talento para los negocios precursores puede brotar en distintas latitudes.

Para América Latina y el Caribe, la innovación como motor de crecimiento abre un gran abanico de oportunidades, especialmente considerando que, por la estructura económica de la región, la tasa de emprendedores es elevada: uno de cada tres trabajadores, según datos del Banco Mundial, entidad que también revela que más de la mitad de los trabajadores (60%) desarrollan su actividad en pequeñas empresas de cinco o menos empleados. Por otra parte, es alentador que muchos países del continente como Chile, Colombia, México o Uruguay, entre otros, tengan entornos socioeconómicos cada vez más accesibles para las mujeres emprendedoras, según indica ‘The Women’s Entrepreneurial Venture Scope‘, un índice que elabora FOMIN.

América Latina ya ha dado pruebas concluyentes de su impulso emprendedor (la región alcanza un récord anual del 82% de incremento de ingreso de startups a competiciones, contra el 49% de las compañías emergentes a nivel global, según un reporte de YouNoodle), pero ahora le falta agregar a ello la capacidad de innovar, de generar proyectos verdaderamente disruptivos. Y para ello tiene ante sus ojos una oportunidad histórica.

De los contactos a los inversores

Para cumplir ese reto es imprescindible vencer los obstáculos que dificultan la consolidación de entornos auténticamente innovadores. En el caso de las mujeres emprendedoras, todavía persisten barreras culturales que inciden, entre otros aspectos, en la calidad de la financiación que reciben. Actualmente, casi la mitad de ellas (47%) recurren a fondos de su familia y/o amigos a la hora de iniciar sus actividades productivas. El dato deja al descubierto que las mujeres de la región necesitan ampliar sus redes de contactos profesionales para obtener formas de financiación menos improvisadas y más prometedoras.

Frente a este panorama, queda claro que aun con el talento, las buenas ideas y el valioso impulso que hoy proporciona la tecnología, los emprendimientos pueden naufragar si no cuentan con un respaldo financiero sólido. En el caso de América Latina y el Caribe, muchas líderes de negocios están demasiado concentradas en gestionar sus proyectos pero no tanto en hacerlos crecer. Por esta razón, es clave el papel que pueden desempeñar las aceleradoras, contribuyendo con un know how acertado y mostrando nuevos horizontes de posibilidades.

Los inversores experimentados pueden constituirse así en los grandes aliados del ecosistema de emprendedores de la región. Con ellos y a través de ellos, muchas mujeres emprendedoras –a menudo demasiado enfocadas en los vaivenes de la coyuntura– pueden dar el siguiente paso para moldear sus proyectos, pensarlos a mediano y largo plazo y, en definitiva, enriquecerlos gracias al aporte de mentores, capitales semilla e inversores ángeles.

La segunda edición de WeXchange, que tendrá lugar el 11 y 12 de diciembre, se presenta, en este sentido, como la ocasión propicia para tender puentes entre unos y otros. El evento promueve el incremento de contactos de las emprendedoras, multiplicando tanto sus posibilidades de inserción en más y mejores redes de negocios como el acceso a formas de financiación más consistentes.

Para el Fondo Multilateral de Inversiones (FOMIN) éste es el camino más apropiado para construir ambientes de trabajo innovadores y competitivos que les permitan a las emprendedoras optimizar los recursos con los que cuentan. Se trata de una meta de suma importancia, ya que en un escenario caracterizado por la permanente disrupción tecnológica, las mujeres emprendedoras necesitan sintonizar con entornos de negocios ágiles que les proporcionen las herramientas adecuadas para alcanzar una auténtica proyección global.

 

La autora de este artículo es Susana García-Robles (@RoblesSusanaro) oficial principal de Inversiones a cargo del grupo de Financiamiento en Etapas Tempranas del FOMIN (Early Stage Equity Group, MIF). Desde 1999, Susana ha creado y dirigido las inversiones de capital emprendedor del FOMIN en América Latina y el Caribe, así como la estrategia de innovación y emprendimiento. 

 

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