Educación

Samsung Smart School, la tecnología en el aula

Samsung Smart School
Escrito por Noelia Hernández

La incorporación de la tecnología como herramienta de aprendizaje en el aula es una realidad palpable. Entre las iniciativas puestas en marcha para su integración está Samsung Smart School. Nos hemos colado en una de las clases que forman parte de este proyecto para conocer de primera mano en qué consiste.

Algo ha cambiado en el mundo de la enseñanza en los últimos años, es lo que se percibe nada más entrar en una de las aulas de 6º de Educación Primaria del colegio Isabel la Católica, de Madrid.

Los niños tienen sus mesas dispuestas en semicírculo dirigidas hacia la pizarra. Se ven entre ellos y la profesora no está sentada detrás de su mesa dando la lección, si no que se mueve de un lado a otro dando explicaciones y deteniéndose en cada uno de los pupitres atendiendo a sus alumnos. La sensación es que es un clase muy dinámica.

Pero no es lo único que ha variado. Sobre la mesa de los estudiantes, además de libros, hay otra herramienta que es la que mayoritariamente concentra su atención: una tablet. En ella se muestra un mapa de Europa sobre el que van pulsando en determinados puntos con un lápiz electrónico, es un juego donde tienen que adivinar el nombre de los ríos. Una vez completado, se levantan y en la pizarra apuntan el porcentaje de aciertos que han conseguido.

La base de una buena sociedad

Así es el día a día en las clases que forman parte del proyecto Samsung Smart School. Una iniciativa puesta en marcha con el objetivo es que la tecnología se convierta en una herramienta más dentro del proceso de aprendizaje.

“Hace tres años quisimos crear un proyecto que fuera relevante desde el punto de vista de responsabilidad social corporativa (RSC) y donde la tecnología tuviese un papel importante para mejorar la sociedad. De todas las áreas elegimos la educación porque creemos que es la base para construir una buena sociedad”, afirma Francisco Hortigüela, director de Relaciones Institucionales, Comunicación y Ciudadanía Corporativa de Samsung España.

Él mismo reconoce que en generaciones anteriores en la escuela se valoraba más el esfuerzo por memorizar, mientras que con el uso de la tecnología se hace más hincapié en la adquisición de capacidades como el trabajo en equipo o sacar conclusiones a través de diversas informaciones. “Estas competencias van a ayudar a que esas personas sean más felices y mejores profesionales, y sean cruciales para crear una sociedad que sea más rica y más justa”.

A día de hoy Smart School está implantado en 33 centros educativos públicos de toda España y dirigido a alumnos de 5º y 6º de Educación Primaria. Durante este último curso han formado parte de él un total de 72 aulas y 2.100 estudiantes de 14 comunidades autónomas.

Cambio metodológico

Todas estas aulas cuentan con una pizarra interactiva, tablets con S-Pen (lapicero digital) para alumnos y profesores, además de software específico con el que el profesor puede supervisar al alumno. En el caso del CEIP Isabel la Católica también disponen de este material en la asignatura de música, por la que pasan niños desde los seis a los 12 años y empiezan a indagar en el mundo de la tecnología. Todo un reto para ellos, pero también para los educadores.

La tecnología trae consigo un cambio metodológico en el aula. Ya no es el profesor el que se sienta delante, da la explicación, el niño escucha y estudia la lección. Se trata de un aprendizaje basado en proyectos, donde es el alumno quien trae la información de casa y el docente la administra para que pueda aprender y asimilar los conceptos y conocimientos del currículum, pero no dirigido a la memorización, si no de una forma más práctica y palpable”, describe la coordinadora de Smart School en este colegio madrileño, Nieves Domínguez.

Para afrontar el reto, junto a la adquisición de unos conocimientos técnicos básicos, estos educadores reciben formación para aprender a usar estas herramientas. “La plataforma online es un aula virtual donde el profesor y los alumnos entran con una clave. El tutor puede ver lo que hacen todos los alumnos, puede compartir la tarea de cada uno de ellos en la pantalla, mandar trabajos, corregirlos, que los alumnos los envíen, etcétera. Es una manera más de estar en clase, pero de una forma interactiva”, explica Domínguez.

Conexión con el mundo real

La utilización de herramientas como tablets y software específico empieza a ser relevante en el sector educativo. En España el 33% de los profesores usan diariamente la tecnología en sus aulas y está comprobado que les permite diseñar clases más entretenidas que con los métodos convencionales y, de paso, les sirve para canalizar la enseñanza de un uso responsable de las nuevas tecnologías.

Además, tiene efectos positivos tanto en la creatividad como en la capacidad de razonamiento. Según un reciente estudio de Ipsos, empresa dedicada a la investigación de mercados, el 79% de los alumnos se esfuerza más en aprender y el 74% entiende más fácilmente los conceptos que deben adquirir. Junto a esto, el mismo informe recoge que el uso de la tecnología en clase mejora considerablemente el clima en clase (75%) y son más autónomos (84%).

Estos, por su parte, están entusiasmados con el reto. Al menos durante el tiempo que asistimos como espectadores a una de las clases que en este colegio bilingüe imparte en inglés, concretamente la de Science, dedicada a las materias de sociales y naturales.

“Ellos ven la utilidad en el uso de la tablet. La conexión con esto es la conexión con el mundo real”, nos cuenta su profesora M.ª Jesús Fernández, que recalca: “Es una herramienta muy creativa. Por ejemplo, en el día del libro ellos hicieron unas rimas sobre Don Quijote y tenían que mezclar sus dibujos con imágenes importadas de Internet. Al mostrar sus proyectos, también aprenden tecnología unos de otros, y entre todos conseguimos enseñarnos cosas”.

Y añade: “Otro aspecto importantísimo es el enganche inicial que se consigue. Cuando empiezas una lección y lo haces con un vídeo creas un ambiente que de otra manera te costaría mucho crear”.

Francisco Hortigüela: “La tecnología puede cambiar la sociedad a través de la educación”

Un cambio imparable

La transformación digital de las aulas ya no tiene marcha atrás, pero para conseguirla todos los implicados en el proyecto Smart School recalcan que es esencial que el docente se implique, que tenga iniciativa y apueste por este cambio.

“Al principio estaban muertos de miedo”, recuerda Hortigüela. “Para ellos es un cambio importante: de pasar a decir ‘página 12, párrafo’ a comprobar que funcione la tablet, que esté cargada o que la red WiFi no se caiga. A lo que hay que añadir si con estas nuevas herramientas van a conseguir involucrar al alumno y van a aprender. Ahora que ya han comprobado sus posibilidades, ha desaparecido ese miedo inicial”.

Aunque a día de hoy todavía resulta difícil cuantificar las mejoras que se consiguen incorporando el uso de la tecnología en los procesos de aprendizaje, de lo que no hay duda es que los efectos son positivos.

Está probado que los alumnos tienen mucha más motivación a la hora de estudiar y las clases son mucho más interactivas”, explica Nieves Domínguez. “Es un elemento que se acerca a los alumnos, que han nacido en esta era tecnológica y, además, a los profesores nos da la oportunidad de trabajar de una manera mucho más dinámica”.

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Noelia Hernández