Educación

¿Por qué no hay ninguna universidad española entre las mejores del mundo?

Las mejores universidades españolas, según el Ranking de Shanghai

Intentamos trazar algunas causas que explicarían el fracaso de las universidades españolas en el reciente ránking de Shanghai.

Las críticas al sistema educativo español no son nuevas ni nada que no sea de dominio público. Desde la educación obligatoria hasta las enseñanzas universitarias, el nivel de nuestros programas académicos dista mucho del que disfrutan en otros países del mundo. Tan solo hemos de remitirnos al informe PISA para comprobar cómo los más jóvenes -con excepción de los castellanoleoneses o los navarros- se mantienen a años luz de los conocimientos en lectura, matemáticas o ciencia respecto a Finlandia y otros países europeos.

En el caso de la educación superior, acabamos de conocer los resultados del ránking de Shanghai, la lista más prestigiosa a escala internacional que ordena a las mejores universidades del planeta desde 2003. Una particular clasificación en la que los centros estadounidenses y británicos suelen copar las primeras posiciones (este año Harvard, Stanford y Cambridge ocupan los tres primeros escalafones) y en la que España nunca ha logrado destacar a pesar de la creciente proliferación de universidades en muchas localidades.

El pasado curso, la Universidad de Barcelona logró la mejor posición a escala nacional, figurando entre los mejores 150 centros del mundo. Una posición que, este 2017, no ha podido revalidar, abandonando incluso las 200 primeras plazas y constatando la triste realidad de España: nuestras universidades no son competitivas a escala global.

Las mejores universidades españolas, según el Ranking de Shanghai

La primera universidad española en aparecer en el ranking de este curso es la Pompeu Fabra, que se sitúa en el puesto número 239, seguida de la de Barcelona, en el 261, y la de Granada, en el 268. En total, tan solo 11 instituciones educativas españolas se cuelan en los 500 primeros puestos. Lejos, muy lejos, quedan Estados Unidos (135) China (57), Reino Unido (38), y Alemania (37).

¿Cuáles son las causas de este fracaso con mayúsculas? ¿Cómo hemos acabado en el furgón de cola de las universidades europeas?  Sin menospreciar otros muchos factores que influyen en esta compleja ecuación, en TICbeat planteamos algunos datos y problemas concretos que explican en parte el descalabro en este ránking de Shanghai.

Caos legislativo

La normativa legal que atañe a las universidades españolas es un auténtico caos. Las sucesivas modificaciones de la regulación sobre enseñanza superior no han logrado mejorar el nivel en ninguno de estos rankings y tampoco han ayudado a mejorar la empleabilidad (con la excepción de medicina y algunas ingenierías) de aquellos que dedican un mínimo de cuatro años a formarse en nuestros centros.

El actual Gobierno, tras el fracaso de Wert al frente del Ministerio de Educación, prometió que se reformaría la legislación universitaria durante esta legislatura. Una modificación que está a expensas del pacto educativo global que el actual ministro -Iñigo Méndez de Vigo- está tratando de alcanzar con los principales partidos políticos.

Entre los principales puntos a tratar en esta nueva reforma encontramos la atracción de talento internacional (alumnos y profesores), mayor movilidad nacional e internacional, complementos salariales ligados a la productividad de los docentes y una nueva línea de títulos con mayor vocación práctica -al estilo de lo que se pretendió con el Proceso de Bolonia- que esté más ligada a las necesidades actuales de la sociedad. Algunos partidos, como Ciudadanos, han exigido también la creación de un sistema de indicadores de eficiencia homologables para formación e investigación.

Demasiadas universidades y titulaciones

El Ejecutivo español ya reconoció hace unos años que una de las causas principales del desastre del sistema universitario patrio se debe a la creciente proliferación de centros educativos y titulaciones. Ambos fenómenos, surgidos al calor de la burbuja económica que vivió nuestro país en las últimas décadas, resultan totalmente improductivos e ineficientes: más cantidad no es igual a más calidad, solo supone dividir la actual inversión en educación entre más universidades.

Aparecen 12 universidades españolas en el ranking publicada por la Universidad de Shangay

De acuerdo a los datos oficiales, en España tenemos cerca de 80 universidades (incluyendo tanto públicas como privadas) y 235 campus universitarios. Un ejemplo muy claro que planteó el exministro Wert es el del estado norteamericano California: misma población, apenas una decena de universidades con varias de ellas presentes entre las mejores del mundo.

Mismo ocurre con la oferta tan heterogénea y numerosa de titulaciones universitarias: más de 2.400 grados, 2.750 másteres y 1.680 programas de doctorado. Irónicamente, una de cada tres de estas carreras apenas tiene 50 alumnos cada año, algo que escapa a cualquier lógica.

Pocos profesores y muy ‘acomodados’

De nuevo nos remitimos a los datos del Ministerio de Educación para constatar otro problema de nuestro actual plantel educativo: el profesorado. En 2012, había un profesor universitario por cada 12 estudiantes; frente a la media europea de 15 alumnos por docente. Además, muchos de estos profesores carecen de plaza fija, encadenan contratos temporales, bajos salarios y, en definitiva, no disponen de unas condiciones laborales suficientes para atraer y retener al mejor talento en las distintas disciplinas.

Y si faltan profesores y mejores condiciones para los docentes, también es obligado decir que muchos de estos profesionales no cumplen con los requisitos deseados para una universidad de vanguardia y primer nivel. Sin ir más lejos, el propio Ministerio ha reflejado en varios de sus informes que una gran masa de profesores no tiene un ‘sexenio vivo’; o lo que es lo mismo, no ha investigado ni producido nada de valor durante sus últimos años de estancia en la Academia.

Muchos ‘papers’, calidad media y pocas patentes

El ránking de Shanghai mide, entre otros parámetros, el número de publicaciones que los profesionales de las universidades realizan en revistas científicas de prestigio y el número de citas a los trabajos de sus investigadores. Nuestro país es un prolífico generador de ‘papers’ (más de 850.000 documentos generados al año), siendo referencia en Europa… pero los ránkings internacionales como éste demuestran que la relevancia media de los artículos científicos no es de una calidad excepcional.

Y si las publicaciones científicas arrojan esta agridulce sensación, el tema se vuelve muy negativo a la hora de transferir todo ese conocimiento hacia la economía real. España apenas genera el 0,8% de las patentes mundiales, estando en el furgón de cola europeo y de los principales países desarrollados.

Falta de internacionalización

Ya adelantábamos en el apartado de la reforma educativa que la movilidad de los estudiantes españoles no es la mejor. Y, mucho peor, es la capacidad para atraer a alumnos de fuera de nuestro país. No en vano, y pese a ser el mayor importador de estudiantes de beca Erasmus, somos de los peores en el viejo Continente a la hora de incorporar a extranjeros en sus grados (menos del 1% del total), másteres (16%) y doctorados, según datos de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas.

¿La razón de esta falta de internacionalización, reconocida incluso por los rectores? La distancia entre el sistema educativo español y el del resto de sistemas europeos, con programas de difícil homologación en muchos casos y distintas aplicaciones y salidas profesionales.

Sobre el autor de este artículo

Alberto Iglesias Fraga

Periodista especializado en tecnología e innovación que ha dejado su impronta en medios como TICbeat, El Mundo, ComputerWorld, CIO España, Kelisto, Todrone, Movilonia, iPhonizate o el blog Think Big de Telefónica, entre otros. También ha sido consultor de comunicación en Indie PR. Ganador del XVI Premio Accenture de Periodismo y Finalista en los European Digital Mindset Awards 2016.