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Wayra: Emprendiendo desde el cielo de Madrid

Desde los inmensos ventanales se ve Madrid. Los tejados, alguna cúpula lejana…, las impresionantes vistas de uno de los primeros rascacielos de la capital (acabado de construir en 1929, después de cinco años de construcción récord) sirven ahora como punto de inspiración para los emprendedores. El edificio más emblemático de Telefónica, su sede histórica, es ahora también una de las academias de Wayra, la incubadora de emprendedores del gigante de las telecomunicaciones. Como explicó un emprendedor, después de jornadas de trabajo de 14 horas, cansados, pueden abrir la ventana y ver la ciudad a sus pies era bastante motivador.

Hoy, la primera promoción de emprendedores nacidos al calor de Wayra Madrid, esos mismos generadores de proyectos que trabajan entre los grandes ventanales con vistas, en unas oficinas modernas y horizontales que promueven la colaboración, se enfrentaban al momento más temido de una start-up: el encuentro con potenciales inversores.

En el auditorio de la Fundación Telefónica, en el mismo edificio pero entrando por otra calle, los 10 proyectos defendieron su propuesta, su viabilidad e intentaron convencer a los potenciales business angels de que ellos eran una apuesta encaminada hacia el éxito. Los emprendedores señalaron, después de una mañana de presentaciones y preguntas, que habían tenido una “sensación muy positiva”.

Wayra funciona como una especie de academia, explicaba Gonzalo Martín-Villa, CEO global de Wayra, en un encuentro con los medios de comunicación a mediodía, mientras los inversores disfrutaban de los canapés y los emprendedores se enfrentaban ahora  a la prensa. La incubadora cuenta con personal “full time” que vela por el buen avance de las incubadas, que los asesora y que les indica por donde deben ir sus pasos. “Nosotros lo que queremos es asegurar que todas las empresas puedas llegar hasta el final”, indicaba Martín-Villa. Aunque el tiempo que las empresas pueden permanecer en Wayra (que ya tiene academias en Madrid y Barcelona) es de seis meses, Telefónica acompaña a la idea en su evolución: al fin y al cabo ellos son accionistas minoritarios (un 10% del capital) de esa aventura emprendedora.

“Nosotros seguimos siendo accionistas”, apunta Martín-Villa, por lo que les vaya bien implica que le irá también bien a Telefónica. La presencia de la teleco en el capital de la empresa no supone un control por parte de la firma de los movimientos de su participada, dejó claro el consejero delegado. “No obtenemos el control de las empresas. Tenemos una participación minoritaria”, afirmaba. “No exigimos exclusividad de ningún tipo”. Telefónica tiene derecho a la primera negociación para hacerse con el producto aunque si ellos ‘pasan’ pueden ir perfectamente a la competencia. “Vamos a verlo y felices”, especulaba Martín-Villa sobre como se tomarían que sus emprendedores vendieran su producto a Vodafone u otro competidor.

Y, teniendo en cuenta que algún emprendedor señaló que “lo único malo de Wayra es que te malacostumbras”,  todos parecían felices tras su paso por este particular – y serio – Operación Triunfo de las start-ups. Algunos ya han cerrado su primera venta. Otros ya han empezado a facturar. Y muchos ya han echado mano de la inmensa red de contactos que Telefónica y los mentores de Wayra les han permitido descubrir. Ahora les tocará a ellos ser los contactos de los que vienen detrás.

Sobre el autor de este artículo

Raquel C. Pico