El CEO que – quizás – empujaba a sus empleados al suicidio

Vincent Fournier era un ejecutivo de una compañía de telecomunicaciones, una gran multinacional, a la que los diferentes recortes y reorganizaciones situaron en un puesto muy por debajo de su formación y capacitación. Se pegó un tiro en las oficinas de la empresa agotado por una situación que lo había llevado a un punto límite. Y no era el primero de sus compañeros de trabajo que lo hacía. Fournier es el personaje con cuya muerte arranca Perros de porcelana, una novela negra de Marin Ledun (editada en castellano por Alienta) , basada en estremecedores hechos reales. France Telecom, la antigua compañía pública de telecomunicaciones pública gala, sufrió hace unos años una oleada de suicidios. Sus empleados caían como moscas. Uno tras otro.

Era difícil de entender desde fuera. ¿Qué podía empujar a los empleados de una empresa a ir matándose unos tras otros? El propio Ledun, cuando vino a presentar su libro a España, reconocía que era complicado verlo (cuando se pensaba en la historia real), pero que la situación para aquellos trabajadores los empujaba a tomar decisiones complicadas. Ledun no escribió directamente sobre los suicidios de France Telecom, sino que noveló una situación muy similar inspirada directamente en la oleada de suicidios que la empresa vivió entre 2008 y 2010.

Dominique Deceze, autor de La machine à broyer, sí ha analizado en concreto la oleada de suicidios que sacudía a la operadora. Según el ensayista, los empleados sentían que habían entregado su vida en vano a la empresa. Tras años y años de trabajo, tras instalarse en las inmediaciones de la compañía, se encontraban relegados a trabajos que no encajaban con lo que ellos habían hecho o sido. Reorganizaciones constantes, movilidad geográfica, cambios de responsabilidades… Todo quemaba a los trabajadores, hasta un punto que ni las bajas médicas ni los antidepresivos podían ayudarlos.

La lista de muertes alcanzó números dramáticos, especialmente en 2009. Desde quemarse a lo bonzo, ingerir cantidades elevadas de barbitúricos en la pausa de la comida hasta saltar al vacío desde la oficina: los titulares que llegaban desde Francia eran especialmente dramáticos. La muerte de los trabajadores de la compañía de telecomunicaciones ocupaban los titulares de los medios de todo el mundo. La pregunta era cómo podía estar pasando algo así en Francia. Y sobre todo qué estaba haciendo la dirección de France Telecom para impedirlo.

Didier Lombard era el entonces consejero delegado de la firma, un ejecutivo de la vieja escuela que estaba preparando su jubilación y desbrozando el camino para su número dos y delfín. Hasta que la crisis de los suicidios se le vino encima. Algunas declaraciones muy poco apropiadas de la dirección de la empresa (como indicar que los suicidios de los empleados era un problema personal o que la escalada de suicidios se debía a un proceso de contagio) no ayudaron a mejorar la imagen de la empresa. El Gobierno francés acabó tomando cartas en el asunto (aunque France Telecom es ahora y era entonces una empresa privada) e influyendo para que se hiciese algo. El delfín de Lombard perdió su puesto primero y luego lo hizo el propio Lombard, un año antes de tiempo.

Stephane Richard, el ejecutivo que cogió el testigo (y que puso en marcha planes para recuperar la confianza de los empleados y eliminar el estrés y la presión a la que estaban sometidos), cogió la empresa en un momento en el que muchos se preguntaban que iba a ser de la plantilla de la teleco. En la prensa había aparecido el rumor de que existía una conspiración para empujar al suicidio a los empleados (alentada por las conclusiones de un tribunal parisino, que había abierto diligencias contra la empresa por crear un entorno de trabajo que llevaba a sus empleados a situaciones límite), algo que Richard negó claramente. Pero aún así, ¿qué grado de culpabilidad tenía la dirección y Lombard en la situación en la que se encontraba la empresa?

Los sindicatos acusaban a la firma de ser culpable de la situación en la que se encontraban sus empleados, porque de ellos habían salido las órdenes que habían creado ese ambiente tóxico. Aún así, y por razones obvias, la operadora se negaba a considerar como accidentes de trabajo los suicidios. France Telecom ofrecía servicios de psicólogos a sus empleados y aseguraba que lo único que querían era que la compañía sobreviviese a un entorno mucho más complicado que el anterior.

El ex CEO, investigado

Años más tarde de que la Inspección de Trabajo y los tribunales franceses empezasen a investigar las razones que empujaban al suicidio a los trabajadores, han dado – ligeramente – razón a los representantes de los trabajadores. Didier Lombard está siendo investigado por su papel en la crisis de los suicidios para determinar si acosaba a sus empleados hasta un punto de no retorno.

El directivo ha sido llamado a prestar declaración (y no ha sido el único de los directivos de la antigua France Telecom en tener que prestar declaración) y ha tenido que pagar una fianza de 100.000 euros. “Ha recordado especialemente las normas de competencia particularmente desfavorables que los poderes púbicos impusieron a la empresa”, ha explicado, como recoge Le Figaro, el abogado de Lombard.

“Algunos quieren hacer recaer la responsabilidad en los planes de adaptación del grupo de estas situaciones”, denunciaba Lombard en una tribuna en Le Monde. “Sin embargo, la puesta en marcha de estos planes venía impuesta por el contexto en el que evolucionaba France Telecom desde la explosión de la burbuja de Internet y yo contesto que ella es la que originó estos dramas”.

Foto cc World Economic Forum

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