e-conomía

Speed dating para empresarios

Escrito por Raquel C. Pico

Los empresarios tienen únicamente 30 minutos en cada una de sus citas para contar y escuchar propuestas de negocio en esta práctica de speed dating empresarial.

Especial desde París. En el fondo, la atmósfera no se diferencia mucho de una de esas fiestas en las que no se conoce a nadie pero en la que todo el mundo espera que se hable mucho y con todos, que se hagan muchos amigos nuevos. Antes de que el anfitrión reparta los puestos y haga las presentaciones formales, los invitados dan vueltas intentando entablar las primeras conversaciones.

Así estaba la sala en la que se iba a desarrollar el SeedNetworking, un evento que permite encuentros rápidos entre emprendedores y que era una de las acciones de networking durante MeetInnov, el evento de la agencia de desarrollo de Val du Marne (uno de los departamentos de Ile-de-France, la región parisina) acaba de organizar en el área de negocios el aeropuerto de Orly.

Mientras los asistentes encontraban la mesa que estaba prevista para ellos, de las conversaciones previas se podían extraer términos como investigación, talento o negocio (todo en francés, por supuesto: aunque el inglés era la otra lengua franca del evento, el francés era la lengua escuchada en el 99% de los casos), en el otro extremo de la planta se estaba desarrollando el encuentro estrella de las oportunidades de networking del congreso: un puro speed dating. 

En este caso, no se trataba de ligar con nadie aunque los principios – al final – no son tan diferentes de las prácticas de citas rápidas que salen en todas las películas. Hay un tiempo limitado y durante ese fragmento de tiempo hay que saber venderse y saber, también, escuchar al otro. El ‘premio’ no es una cita (o el amor eterno, como en cualquier comedia romántica del montón) sino una potencial oportunidad de negocio. Los participantes tienen únicamente 30 minutos para cada una de sus citas. Aunque pueda parecer mucho tiempo, teniendo en cuenta que el speed dating parte de la premisa de dedicar a cada cita sólo unos minutos, tampoco es tanto si se quiere vender una idea de negocio. Como nos comentaba un empresario español que participó en esta actividad, el PowerPoint no tiene cabida.

La sala que ocupan estos empresarios lanzados a hacer networking puede confirmar el éxito de la idea. El espacio, en forma de enorme l, es el más grande de todos los contenedores de actividades y todas las mesas están ocupadas. Una luz colorista le da un toque divertido (y ‘dating’) a cada una de ellas.

Los encuentros son además una muestra de eficiencia. Todos los potenciales participantes tuvieron que cerrar previamente en una aplicación web su potencial calendario de entrevistas, pidiendo, aceptando o denegando citas.

“Todo el mundo tiene que sacar un interés de las reuniones”, explica Diego Galduroz, director general de Ekindar France, la filial gala de una empresa española. “Tiene que haber un dar y recibir”, defiende, explicando que los encuentros son algo más que ir a vender un producto. Ellos, por ejemplo, están centrados – en su filial francesa – en la distribución de sus LED, pero las reuniones no fueron sólo para intentar hacer más negocio sobre ese producto. “Si sólo voy a vender mi producto, me escucharán uno o dos. Todo el mundo tiene que ganar”.

La filosofía es, por tanto, mucho más completa e interesante, porque permite establecer contactos mucho más ricos y complejos. Y eso que la dinámica es “muy rápida”. Como nos apunta Galdurez, hay que decir qué se hace, escuchar qué hace el otro, qué se ofrece, qué ofrece el otro y qué se puede hacer en conjunto. Y al final todos llegan a un punto de interés.

Como las reuniones estaban planteadas de antemano, todos saben con quién van a hablar y pueden traer los deberes hechos, sabiendo ya qué deberían contar, lo que invita a ir directamente al grano. Nada que ver con el networking de feria tradicional, donde todo el mundo va mirando acreditación tras acreditación para ver si el otro puede ser interesante. Los horarios se cumplen además a rajatabla y con respeto y el ambiente es lo suficientemente agradable como para invitar a la charla. “Te sientes cómodo”, nos responde Diego Galduroz sobre el espacio. Y sí, además, se hace negocio.

Los empresarios entran y salen durante toda la jornada de la gran sala. El único requisito, como nos explicaba la anfitriona que les daba la bienvenida, es el de ser “dos personas que quieren encontrarse”. Un aviso por megafonía similar a los antiguos del aeropuerto (al fin y al cabo, al otro lado de los cristales siguen aterrizando y despegando aviones) da la alarma cuando el tiempo de reunión se ha agotado.

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Raquel C. Pico