e-conomía

La reputación de Uber, dañada por sus malas prácticas corporativas

La región de Bruselas se prepara para regular Uber
Escrito por Marcos Merino

A sus problemas legales Uber está añadiendo nuevas crisis de reputación: denuncias por spam masivo, problemas de privacidad, préstamos subprime a conductores…

Uber ha supuesto, sin duda, un cambio revolucionario en los modelos de negocios de transporte individual de pasajeros… el problema es que todo indica que es una gran idea en manos de gestores que no están a la altura de la misma. Y así, en las últimas semanas, además de múltiples problemas legales, Uber está sufriendo una crisis de reputación por la acumulación de malas prácticas corporativas. Ya abordamos hace unos meses la campaña de sabotaje que llevó a cabo contra su rival Lyft y, más recientemente, los problemas de privacidad sufridos por periodistas críticos con la plataforma, pero eso no es todo:

Denuncias por ‘spam’ masivo

Según informó recientemente la revista online Vice, la Comisión Federal de Comercio estadounidense ha recibido en las últimas fechas hasta 14 denuncias contra Uber a causa del spammeo masivo al que ha sometido a varios conductores de su plataforma. Aunque la FTC no ha verificado aún las denuncias, el asunto se está discutiendo en varios blogs de usuarios de Uber (como este hilo en UberPeople).

En muchos casos, las quejas provienen de gente que se interesó en la posibilidad de ser conductor de Uber (solicitando información online o hablando con reclutadores en ferias de empleo) y que, tras no haber concluido el proceso por diversas causas, empiezan a recibir diariamente mensajes animándoles a completarlo y firmar como conductores. Tal y como comenta uno de los usuarios de estos foros: “He tratado de llamarles y no hay respuesta. Esto me lleva ocurriendo desde hace varios meses y ya he perdido la paciencia: necesito ayuda para pararlo. Es como si me estuvieran acosando por no seguir con ellos.”

En otros casos, se denuncia que Uber estaría accediendo a las agendas de contactos de los teléfonos de sus propios conductores. Ése sería el caso de Daniel, un conductor de UberSUV en Miami que denuncia que su novia recibió un SMS procedente de su número en el que le animaba a convertirse, ella también, en conductora. La explicación de Uber (que niega tener acceso a las agendas de contacto de sus conductores) es que esos mensajes no provienen necesariamente de la empresa, sino de amigos de Uber que buscan promoverlo (ya sea como muestra de apoyo, o motivados por su programa de referidos, que les permite ganar una pequeña comisión por cada nuevo conductor o usuario que aportan).

Préstamos ‘subprime’

Pero algunos conductores de Uber tienen problemas más graves aún que la privacidad de sus teléfonos: hace un mes, la publicación Valleywag desvelaba que Uber (y entidades financieras asociadas a esta compañía) están ofreciendo a sus conductores (actuales o potenciales) préstamos dirigidos a la compra de coches. El mensaje de los reclutadores de Uber es simple: “Todo lo que necesitas es un coche, y si no tienes uno, Uber te ayudará a obtenerlo fácilmente”. No importa si ya te ha sido denegado previamente por tu mala situación económica: ellos se encargan de que te lo concedan. De este modo, tenemos préstamos con muy altas tasas de interés concedidos a gente fundamentalmente insolvente: si en lugar de coches estuviéramos hablando de hipotecas, estaríamos ante una reproducción del esquema del crédito subprime que puso en marcha la crisis económica.

Uber afirma que pagar el préstamo es muy simple: se deduce directamente de la remuneración que reciben los conductores. El problema es que, en base a las condiciones firmadas, la única forma de no entrar en números rojos es trabajar al menos 50 horas a la semana (hay que tener también en cuenta que el sistema de tasas de Uber fluctúa enormemente de una carrera a otra, lo que lleva a la incertidumbre a sus conductores).

Imagen | Joakim Formo

Sobre el autor de este artículo

Marcos Merino

Marcos Merino es redactor freelance y consultor de marketing 2.0. Autodidacta, con experiencia en medios (prensa escrita y radio), y responsable de comunicación online en organizaciones sin ánimo de lucro.