e-conomía

La denuncia contra Blablacar y la economía colaborativa

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Escrito por Marcos Merino

Fenebús acusa a la plataforma para compartir coches de “competencia desleal”. Airbnb y Uber son otros servicios online que están sufriendo denuncias similares.

La semana pasada saltaba la noticia de que Fenebús había solicitado el cierre de la web blablacar.es. Blablacar es, como muchos sabréis, la principal plataforma europea para compartir coche, poniendo en contacto a conductores y viajeros de forma que puedan acordar un precio por el viaje. Fenebús, por su parte, es la fundación que agrupa a las empresas del sector de transporte en autobús en toda España.

En palabras del director de Fenebús, “nosotros representamos a muchas empresas y personas del sector y creemos que la actividad de Blablacar y otros perjudica a nuestras empresas”. Palabras que dan pie a muchas reflexiones: ¿Acaso las ventajas de la economía digital no se basan precisamente en perjudican a la economía 1.0 y la fuerzan así a innovar, o bien la sustituyen por algo que se ajusta mejor a las exigencias de los consumidores?

Por todo el mundo se suceden los ataques de lobbies de sectores económicos establecidos a pujantes empresas o plataformas de consumo colaborativo:

  • En el estado norteamericano de New York, la web de alquileres de corta estancia de pisos y habitaciones Airbnb se encuentra acorralada por jueces que consideran que le hace “competencia ilegal” a las cadenas hoteleras. Québec ya está promoviendo una norma similar. Sin embargo, el Ayuntamiento de Río de Janeiro ha pedido ayuda a esta compañía para solventar su deficiente oferta hostelera, de cara al Mundial de Fútbol de este año. Mientras, en España, la nueva Ley de Alquiler dejaba abierta la puerta a prohibir este tipo de prácticas durante el verano.
  • En Francia, los sindicatos de taxistas consiguieron la aprobación de una ley que obligaba a las flotas de coches que pueden reservarse desde apps móviles como Uber, LeCab o SnapCar a llegar 15 minutos tarde, para situarlos en una posición de desventaja frente al servicio “de toda la vida”. Y aún después de eso, los coches de Uber han sufrido ataques de los piquetes.

Y al margen de la imagen de “miedo a la competencia” que transmiten los opositores a la economía colaborativa… ¿realmente pueden proclamarse “competencia”? Es decir, la gente que opta por contactar con un conductor mediante Blablacar o por alquilar una habitación vía Airbnb… ¿realmente busca el mismo tipo de servicio y/o de experiencia como usuario que le prestarían un autobús o un hotel? ¿Tienen derecho estos últimos a considerar “clientes perdidos” a todos los usuarios de aquellas compañías?

Fenebús parece tener muy clara la respuesta afirmativa en todas estas cuestiones, puesto que ya ha presentado cuatro denuncias contra Blablacar: una ante la Subdirección de Inspección de la Dirección General de Transporte Terrestre del Ministerio de Fomento, otra ante el fiscal de la Sala de lo Coordinador de Seguridad Vial, una más ante la directora general de Tráfico y, finalmente, ante la Comisión Nacional de los Mercado y la Competencia.

Todo este debate no deja de recordar a la famosa sátira divulgativa escrita por el economista Bastiat llamada “Petición de los fabricantes de candelas, velas, lámparas, candeleros, faroles, apagavelas, apagadores y productores de sebo, aceite, resina, alcohol y generalmente de todo lo que concierne al alumbrado. A los señores miembros de la Cámara de Diputados” en la que los fabricantes en cuestión intentaban convencer a los legisladores de las múltiples ventajas económicas que generaría (para su sector) tapar el Sol por ley. Una pena que Bastiat no llegara a conocer Internet.

Sobre el autor de este artículo

Marcos Merino

Marcos Merino es redactor freelance y consultor de marketing 2.0. Autodidacta, con experiencia en medios (prensa escrita y radio), y responsable de comunicación online en organizaciones sin ánimo de lucro.