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¿Cómo sobrevivir a un elevator pitch?

elevator pitch¿Cuál es la pesadilla de todo emprendedor? Sentarse en una inmensa mesa de sala  de reuniones, delante de unas cuantas personas que tienen en su chequera la llave para su éxito y tener que convencerlas en un escaso tiempo de que lo que viene a contar son las líneas maestras de un proyecto de éxito. No hay nada que cause más pánico escénico que un elevator pitch y más en un país, como España, en el que hablar en público da, sin más, vergüenza.

En España nos queda mucho para llegar a ponernos buena nota en el arte de la oratoria, para ello, sería bueno reforzar esta habilidad desde pequeños en la escuela y ayudar a los profesionales con apoyo y cursos para que fortalezcan su habilidad”, nos explica Mónica Martín, de Coacting. “En España, hasta hace poco, no se le daba mucha importancia a la habilidad de hablar en público”, añade. “Las creencias populares nos hacían pensar que era una competencia que se tenía o no se tenía y punto”.

Mónica Martín es la directora de Coacting, una compañía que ayuda a gestionar la imagen personal y las habilidades de comunicación, elementos ambos clave para los directivos pero también para los emprendedores. Martín analiza para nosotros los errores que se pueden detectar en un primer vistazo cuando los emprendedores se lanzan a presentar su proyecto. Los errores son de varios tipos: los hay en texto, los hay en lenguaje no verbal y los hay cuando se intenta casar uno con otro. “No se trata de demostrar lo mucho que se sabe, o lo mucho que se ha trabajado, sino el de querer interesar al interlocutor atendiendo a sus intereses”, advierte.

¿Y qué recomienda como experta a la hora de establecer el discurso, sobre todo teniendo en cuenta el limitado margen de tiempo que deja un elevator pitch para presentar un proyecto? Hay que sintetizar y priorizar los mensajes clave: lo más importante, recuerda, en un elevator pitch no es contar absolutamente todo sino conseguir llamar la atención del posible inversor o socio.

Además, tampoco hay que descuidar los tiempos. “Se ha de permitir que el oyente tenga tiempo para procesar la información, especialmente la más relevante, la clave y la de mayor dificultad de comprensión”, explica. El lenguaje debe ser compresible por todos los asistentes y el ritmo tiene que ser el adecuado. Y sobre todo hay que ser claro: Mónica Martín recomienda dejar en tres minutos el tiempo dedicado a la exposición (no olvidemos el origen de un elevator pitch: lo que contarías a tu inversor si te lo encuentras en un ascensor) y dejar los aspectos más complejos, como los detalles del plan de negocio, para un encuentro posterior.

Y, claro está, no se debe olvidar dónde se está y al interlocutor. “El buen orador es capaz de ajustar su lenguaje corporal y verbal al del inversor o socio, para ello cuenta con la escucha suficiente para calibrar lo que está sucediendo y flexibilizar el contenido”, añade.

Este artículo forma parte de la serie Startuping , en la que durante quince días analizaremos a qué debe enfrentarse el emprendedor. Si tú eres uno de ellos, puedes dejarnos tu idea aquí. Cuéntanos tu historia y te serviremos de altavoz para que te hagas un hueco en el mercado

Foto cc heiwa4126

Sobre el autor de este artículo

Raquel C. Pico