e-conomía

5 lecciones para emprendedores de los errores de los grandes

En España, los errores son temas tabú. Aquellos que se lanzan a la aventura de emprender y tropiezan en alguna piedra prefieren ocultarlo, no volver a mentarlo y muchas veces se lanzan al desanimo. Sin embargo, equivocarse es un elemento más de la aventura emprendedora y los errores de los demás – y los propios – una buena fuente de información para saber qué es mejor no hacer.

En Estados Unidos, un país con una cultura de start-ups mayor que la española, los errores son bienvenidos: una persona que se ha lanzado a diversas aventuras empresariales es apreciada a la hora de encontrar trabajo y los tropiezos son compartidos y analizados. Por existir, hay incluso una conferencia dedicada al fracaso en la que empresarios exitosos y otros que aún no han conseguido dar el gran bombazo comparten aquellos momentos en los que se equivocaron. Esta catarsis colectiva sirve para poner las cosas en perspectiva y sobre todo para no tropezar con las piedras con las que ya se han dado otros.

Como los errores de los grandes consejeros delegados y emprendedores estadounidenses han sido aireados por ellos, por los medios o por sus biógrafos, seguir la pista a sus fracasos no es complicado. Extraer lecciones de todos esos fiascos tampoco. Estas son algunas lecciones que se pueden aprender de aquello que no han hecho tan bien los ‘genios’ del otro lado del charco.

Asegura tu posición antes de que la empresa crezca demasiado. Sean Parker fue uno de los confundadores de Napster, un polémico servicio P2P que acabó siendo clausurado. Los problemas legales no impidieron a Parker – todavía muy joven – seguir apostando por el mundo start-up y fundó Plaxo. Sorprendentemente, fue en esta segunda compañía donde aprendió la lección de su vida: los dos inversores principales de su compañía lo echaron de la misma. Parker ha aprendido la lección y ha ayudado a blindar la posición de Mark Zuckerberg como CEO de Facebook, compañía de la que fue primer presidente.

Las relaciones públicas no son una broma. Conocidas son las historias de grandes empresarios del sector TIC, como Steve Jobs, que tuvieron problemas con sus primeros intentos de financiación por sus ‘pintas’. Las apariencias son una carta más de presentación y descuidar este aspecto, como todos los que conforman las relaciones públicas, es un grave error. Mark Zuckerberg, el CEO de Facebook, es un ejemplo clarísimo de lo que no hacer: su relación con los medios de comunicación no siempre fue buena y sus apariciones públicas hicieron mucho daño en su momento a la imagen de la compañía. Mítica es su participación en una conferencia en Estados Unidos en la que no supo responder a las preguntas de sus interlocutores en cuestiones de privacidad y empezó a sudar a chorro. Alguien ha cambiado eso (¿habrá alguna persona dentro de la compañía dado clases de relaciones públicas a su jefe?) y Zuckerberg ha aprendido la lección.

– No te olvides de la ley. Puede parecer una lección un poco tonta, por ser demasiado lógica, pero muchas son las grandes compañías que han tropezado con este problema. Las leyes de protección de datos, por ejemplo, son muy modernas, muy duras y restrictivas y muy ligadas al Estado en el que están. Le ha pasado por ejemplo a Facebook, pero no es la única. En España, la normativa de protección de datos es muy exigente y es de cumplimiento obligado. Puede parecer muy interesante tener el mail de tus usuarios, su nombre y un huequecillo en la bandeja de entrada de su correo electrónico, pero para hacerlo hay que seguir unas pautas que garantizan los derechos de esos mismos usuarios y que muchas veces las empresas olvidan. Para una empresa que está empezando podría ser la ruina: las multas de la Agencia Española de Protección de Datos pueden ser muy elevadas.

– No te creas un dios y no fomentes el mal rollo entre tus empleados. Una start-up requiere mucho trabajo, muchas horas y mucho entusiasmo. La plantilla es muy pequeña, por lo que el nivel de exigencia será muy elevado. Los trabajadores tienen que estar a gusto, sentirse parte del proyecto y amar aquello que hacen, si no no funcionará. Steve Jobs fomentó la guerra interna durante los primeros años de Apple, era un jefe bastante odiado y sus empleados, aunque amaban su trabajo, se dedicaban demasiado a luchar contra los proyectos del grupo rival: Apple realizó algunos lanzamientos desastrosos y el propio Jobs acabó en la calle, desencumbrado por el presidente de la empresa, John Scully.

– Aprovecha tus quince minutos de gloria. Los usuarios son caprichosos, los medios de comunicación también y las modas otro tanto. A veces, el producto consigue llamar la atención en sus primeros momentos de vida y convertirse en el epicentro de los titulares de los medios y de los tweets de sus potenciales consumidores. No se puede dejar escapar el momento y hay que fidelizar a aquellos usuarios que llegan arrastrados por la tendencia. Muchos han sido los Google killer (Cuil, Wolphram Alpha..), la última gran red social (Quora)… que no han conseguido ir mucho más allá de su único momento de gloria dejando en el usuario general el sentimiento de ‘lo que podría haber sido y lo que finalmente fue’.

Este artículo forma parte de la serie Startuping , en la que durante quince días analizaremos a qué debe enfrentarse el emprendedor. Si tú eres uno de ellos, puedes dejarnos tu idea aquí. Cuéntanos tu historia y te serviremos de altavoz para que te hagas un hueco en el mercado

Foto cc theihno

Sobre el autor de este artículo

Raquel C. Pico