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¿Tomas té o café? Tus genes pueden ser los culpables de tu elección

beber tres tazas de cafe resulta beneficio para salud

¿Eres de las personas que siempre pide café en los bares? ¿O tal vez prefieres una buena taza de té? Un nuevo estudio ha demostrado cómo nuestros genes afectan a la elección que hacemos entre estas dos bebidas. Te contamos por qué prefieres una bebida u otra.

Hay personas que prefieren tomar té, y otras que no pueden vivir sin una taza de café. Un nuevo estudio ha demostrado que la elección entre el café y el té puede venir determinada por nuestros genes. Los genes que perciben el sabor amargo son los que pueden determinar esta preferencia por una bebida u otra.

El té y el café tienen componentes amargos que les dan un sabor característico, por ejemplo la cafeína. El café también contiene quinina, otra sustancia que lo hace más amargo.

“Ya sabíamos de estudios previos que los factores heredados juegan un rol en la cantidad de café o té que consume una persona”, ha explicado el investigador de la Universidad de Queensland en Australia Daniel Hwang.

Los científicos del proyecto han analizado la vinculación del consumo de té, café y alcohol con los genes de receptores del sabor en relación con tres sustancias amargas que las componen: la cafeína, la quinina y una sustancia artificial que se conoce como propiluracilo (PROP).

Los participantes que tenían variantes genéticas en los receptores del sabor amargo eran más sensibles a la cafeína, y por tanto tienen un 20% más de probabilidad de consumir más de cuatro tazas de café por día.

Así, estos consumidores con esta variación genética también tenían menos probabilidad de consumir té, es posible que esto se deba a que las personas que detectan la cafeína con más facilidad tienen más probabilidad de volverse adictas a los efectos estimulantes, y el café contiene más cafeína que el té.

En contraposición se encontraban las personas que tenían variaciones genéticas más sensibles a los sabores de la quinina y el propiluracilo, las cuales tienen mayor probabilidad de consumir más de cinco tazas de té al día, y menos posibilidades de consumir café.

Cada gen extra receptor del sabor de la quinina o el PROP producía un aumento del 9 y el 4% respectivamente, en cuanto al consumo de tazas de té a diario.

Es posible que esto se deba a que las personas que son sensibles a la quinina y el PROP sean más sensibles en general a los sabores amargos, con lo cual el fuerte sabor amargo del café les parezca demasiado. Además las personas más sensibles al PROP tienen menos probabilidad de consumir alcohol.

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Pero no todo se trata de la genética, también estos comportamientos pueden ir cambiando si aprendemos a disfrutar de estas bebidas. “Aunque tuvieras el gen ‘equivocado’ en materia de sabores, puedes aprender a disfrutar bebidas y comidas con sabores deliciosamente amargos”, ha explicado Hwang.

“Tal vez no te gustaban las características amargas del café o el té cuando eras niño, pero habrás visto que los sabores o comportamientos dietéticos pueden cambiar con el tiempo”, afirma el investigador.

Por tanto nuestra genética puede ser la culpable de que tomemos café o té, aunque siempre se pueden aprender y crear hábitos nuevos acostumbrando a nuestro paladar a nuevos sabores.

Vía | BBC

Sobre el autor de este artículo

Alicia Ruiz Fernández