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Tecnología versus humanidad: ¿afecta la complacencia automatizada al talento?

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Escrito por Mihaela Marín

Hace seis años Nicholas Carr preguntaba: ¿Google nos hace estúpidos? Ahora, desde su sede, intenta convencer a sus desarrolladores de que la complacencia automatizada es un problema.

A lo largo de la historia, la humanidad siempre ha buscado nuevas maneras de hacer que el proceso evolutivo no encuentre ningún obstáculo en su paso de una generación a otra. Las herencias que han recibido con el tiempo los sucesores son un ejemplo de que la creatividad, inteligencia o las habilidades de los antepasados han sido unos de los más importantes recursos que les han servido para abrirse camino delante de los desafíos y continuar su ascenso. Pero ¿qué pasa cuando, animados por el mismo deseo de superación, llegamos a construir una estructura que al final atrapa a todos los participantes en un sistema muy complejo?

La metáfora podría caracterizar a la sociedad actual, dominada por el desarrollo tecnológico de nuevos sistemas operativos y máquinas, tal como se desprende de los argumentos de Nicholas Carr, un conocido escritor que ha dedicado varios libros al análisis de los inconvenientes y peligros de la revolución tecnológica en la que estamos inmersos en los últimos años.

Exdirector de la revista Harvard Business Review y miembro del consejo editorial de la Enciclopedia Británica, Carr es conocido por sus críticas a la excesiva automatización como consecuencia de la expansión de los sistemas informatizados en la mayoría de los sectores de actividad. Según el autor, el ascenso de la tecnología digital debilita el aprendizaje humano e impide la mejora de las habilidades a medida que los humanos entregan sus responsabilidades a los robots.

El escritor y gurú de la tecnología Nicholas Carr en una conferencia.

El escritor y gurú de la tecnología Nicholas Carr en una conferencia.

Carr tuvo la oportunidad de debatir en más profundidad las contradicciones que levanta este fenómeno en la sociedad actual durante una charla organizada por Google (la misma compañía que en 2008 estaba en su punto de mira) y durante la cual el escritor aprovechó para enlazar su discurso con argumentos reflejados también en su último libro, Atrapados: cómo las máquinas se apoderan de nuestras vidas.

Su principal pregunta gira en torno a las repercusiones provocadas por la dependencia de los ordenadores y de la automatización, una cuestión que a su turno abre otra problemática acerca del proceso de diseño de las herramientas informáticas, desde aplicaciones de smartphones hasta robots. En concreto, el autor se pregunta si estas se crean pensando de forma conjunta en los beneficios que se pueden obtener de los ordenadores, así como en favorecer el desarrollo de habilidades humanas. Los argumentos que presenta a continuación indican que el autor duda de si los desarrolladores toman en cuenta los dos factores a la hora de diseñar la tecnología.

El mito de la sustitución

Está sostenido por la idea según la cual es más eficiente introducir la automatización si el agente humano responsable en solucionar un problema tiene dificultades en hacerlo. De acuerdo a Carr, integrar nuevas tecnologías para hacer el proceso más eficiente puede tener consecuencias en el comportamiento de las personas o la forma en la que aprenden.

Complacencia automatizada

Es otra teoría considerada uno de los efectos negativos del desarrollo tecnológico y que se refiere a la tendencia de las personas de entregar las responsabilidades a las máquinas y confiar por completo en sus capacidades de resolver la situación. Mientras tanto, los humanos dejan de prestar más atención al problema hasta que llega el momento en el cual pasa algo malo y no sabrán cómo resolverlo. En este caso las personas empiezan a perder sus habilidades y el motivo está claro para el autor: el talento se aprende con la práctica y especialmente cuando la persona intenta solucionar cómo salir de las situaciones difíciles.

Bloqueo del efecto de generación

En este caso se hace referencia al efecto de barrera que puede provocar el desarrollo tecnológico sobre lo que se llama efecto de generación, es decir la posibilidad de las personas de aprender más y convertirse en expertas cuando participan a una actividad de forma activa.

La conclusión del escritor es que la creación de los sistemas automatizados genera un efecto contrario en la satisfacción de la gente y en sus capacidades de aumentar las habilidades. Una de las causas es el diseño demasiado centrado en la tecnología y en lo que pueden hacer los sistemas informatizados para resolver un problema, favoreciendo de esta forma el incremento del potencial de la máquina en detrimento del talento humano. Como alternativa Carr propone a los desarrolladores centrarse más en la perspectiva humana y diseñar la tecnología para que estimule a las personas a entrenar sus capacidades y expandir el proceso de aprendizaje.

 

Imagen de Nicholas Carr, cortesía de S. Fleischmann

Sobre el autor de este artículo

Mihaela Marín

Mi interés por la tecnología ha nacido cuando me he dado cuenta de que nos permite ver el lado escondido de la realidad. Todavía quedan muchas cosas por descubrir y suficiente curiosidad para entender lo que realmente somos. Especializada en Periodismo y Marketing, he podido compartir experiencias con profesionales del mundo empresarial tecnológico. Siempre en búsqueda de ideas, escribo para hacer conocido el trabajo innovador, capaz de cambiar los problemas en soluciones.