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La premisa de la que parte la película ‘Her’ no está tan lejos de la realidad

La premisa de la que parte la película “Her” no está tan lejos de la realidad
Escrito por Redacción TICbeat

Una experta de la consultora Gartner asegura que los humanos estamos “programados” para encariñarnos con la inteligencia artificial.

El último largometraje de Spike Jonze, Her, que cuenta con cinco nominaciones a los Oscar, describe, entre otras cosas, la historia de un hombre (Joaquim Phoenix) que decide combatir su soledad instalando un sistema operativo con (Scarlett Johansson) y nombre de mujer del que termina por enamorarse. El argumento ha sido enmarcado por la crítica en el género de la ciencia-ficción; sin embargo, los expertos en inteligencia artificial nos advierten de que quizá no estemos tan lejos de esa situación.

La vicepresidenta de la consultora Gartner, Jackie Fenn, recuerda que muchas de las características con las que cuenta el sistema operativo Samantha en la película ya están presentes en la realidad, como el reconocimiento del lenguaje, las habilidades de conversación y, sobre todo, la capacidad del software para aprender de la experiencia, sin necesidad de tener que ser reprogramado constantemente. Como ejemplo, la experta en tecnología cita el de los sistemas Cleverbot, capaces de aprender de la conversación con humanos.

Además, Fenn señala que la voz y el vídeo –que son los canales a través de los que se comunica el SO Samantha en la película– son herramientas capaces de proporcionar a las máquinas más información sobre nosotros de la que un humano es capaz de procesar.  “Las microexpesiones que revelan los verdaderos sentimientos de una persona duran menos de la quinta parte de un segundo y no suelen ser percibidas por los otros, pero un ordenador sí puede detectarlas fácilmente mientras analiza un streaming de vídeo”, comenta.

Los ordenadores, además, ya son capaces de medir el nivel de presión sanguínea, la frecuencia cardiaca y la temperatura corporal de los humanos. “Añade a eso los avances en interfaces capaces de interpretar tus señales cerebrales y tu sistema operativo será capaz de saber lo que necesitas sin necesidad de mantener siquiera una conversación”, asegura Fenn, que cree que, dentro de poco, los sistemas operativos podrán comunicarse con nuestro cerebro para ayudarnos a cambiar nuestro estado de ánimo si así lo deseamos. Por ejemplo, para ayudarnos a concentrarnos mejor.

No obstante, uno de los aspectos que destaca Fenn se refieren no a los robots y sistemas en sí, sino a esa empatía universal que forma parte de la naturaleza humana, y que nos lleva a entablar relaciones emocionales incluso con máquinas, si éstas son lo suficientemente entrañables. Fenn recuerda un estudio realizado por científicos holandeses, en el que se demostró que a los participantes les resultaba muy difícil apagar un robot que representaba a un gatito pidiendo cariños. “El modo en el que reaccionamos a entidades inteligentes, divertidas y amables forma parte del hardware de nuestro cerebro, así que quizá contemos con menos margen de elección del que pensemos a la hora de plantear nuestras futuras relaciones con inteligencias artificiales”, reflexiona.

Por otra parte, Fenn no parece estar dispuesta a creer en un futuro en el que los robots sustituyan a los humanos. “Todavía hay muchos problemas”, explica, “para los cuales la mejor solución no es un robot, sino un robot que trabaje con un humano”, y cita el ejemplo del ajedrez. “Puede que los ordenadores sean capaces de responder una pregunta más rápido que cualquier persona, pero los seres humanos siguen siendo los más apropiados para decidir qué pregunta es la que ha de hacerse”, reflexiona.

Foto cc: julochka

 

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