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¿Por qué la gente con menos dinero es la que más lucha contra el cambio climático?

Un estudio científico acaba de demostrar que las personas con menos recursos son, casualmente, las que más contribuyen a luchar contra el cambio climático. En concreto, hasta dos veces más dinero que los ricos.

Estamos acostumbrados a los desprecios de Donald Trump, gran parte de los empresarios y de otros colectivos similares a todo lo que tenga que ver por el respeto medioambiental o la lucha contra el cambio climático. Sin embargo, desconocíamos si se trataba de un sesgo en el imaginario colectivo o un fenómeno real, el de los ricos sin compasión ni preocupación por nada que ataña al planeta y no a su bolsillo.

Hasta ahora, porque un estudio científico acaba de demostrar que las personas con menos recursos son, casualmente, las que más contribuyen a luchar contra el cambio climático. La investigación, publicada en la revista PLOS ONE, la han llevado a cabo investigadores de la Universitat Rovira i Virgili, la Universitat de Barcelona, la Universidad de Zaragoza y la Universidad Carlos III de Madrid.

En dicho experimento, más de 320 personas divididas en 54 grupos de seis recibieron 240 euros por colectivo, cuyos miembros ni se conocían ni se podían relacionar entre ellos. A cada miembro del grupo se le daba una cantidad concreta de dinero. En la mitad de los grupos, todos dispusieron del mismo capital: 40 euros cada uno. En la otra mitad, el dinero se distribuyó de forma desigual: desde 20 hasta 60 euros a cada miembro.

Pasar de adaptarnos al cambio climático nos costará (más) dinero

A partir de aquí, cada persona debía aportar dinero a un bote común con el reto de lograr, después de diez rondas, un total de 120 euros dedicado a una acción contra el cambio climático; en concreto, plantar árboles en la sierra de Collserola (en Barcelona). Con el dinero que les quedaba obtenían vales de compra. Al empezar el experimento, todos sabían con qué cantidad de dinero contaba cada uno y en cada ronda podían conocer cuánto había aportado cada participante.

De este modo, se ponía a prueba el esfuerzo económico que está dispuesto a hacer cada uno por un beneficio colectivo, en este caso relacionado con el cambio climático. Los resultados constataron que, a pesar de que todos los grupos consiguieron el objetivo colectivo de llegar a los 120 euros, “la distribución del esfuerzo fue muy poco equitativa”, explica Jordi Duch, investigador del grupo de investigación Alephsys – Algorithms Embedded in Physical Systems – de la Universitat Rovira i Virgili, en DICYT.

Concretamente, los participantes con menos recursos contribuyeron significativamente más al bien público que los más ricos, en ocasiones, hasta dos veces más. Los investigadores concluyeron que los más pobres formaban parte de los considerados “grupos generosos”, mientras que los más ricos se clasificaban mayoritariamente en un “grupo agresivo”.

Con ello, los resultados sugieren que las políticas futuras se beneficiarían tanto de reforzar las acciones de justicia climática como de educar en la equidad, en lugar de centrarse en la comprensión de las consecuencias climáticas genéricas o globales, puesto que esta sensibilización no ha demostrado generar aportaciones equitativas.

El análisis de los resultados indica que en los grupos en los que no había desigualdades en el capital se han podido diferenciar dos comportamientos: uno que coopera con cantidades que se considerarían justas -aproximadamente con la mitad de su capital inicial- y otra parte que cooperan mucho más del justo. Sin embargo, en los grupos que partían de la desigualdad inicial, hay muchas más diferencias. Quienes disponían de más dinero (50 o 60 euros) contribuían menos de lo que se considera justo, al contrario de quienes tenían menos (20 o 30 euros) que contribuían proporcionalmente mucho más.

Estos resultados evidencian que “dadas las desigualdades, los grupos más pobres son más vulnerables y, por tanto, quienes más sufren”, añade Julián Vicens, actualmente investigador del grupo OpenSystems y miembro del Instituto de Sistemas Complejos de la UB.

*Imagen de portada: UC3M

Sobre el autor de este artículo

Alberto Iglesias Fraga

Periodista especializado en tecnología e innovación que ha dejado su impronta en medios como TICbeat, La Razón, El Mundo, ComputerWorld, CIO España, Business Insider, Kelisto, Todrone, Movilonia, iPhonizate o el blog Think Big, entre otros. También ha sido consultor de comunicación en Indie PR. Ganador del XVI Premio Accenture de Periodismo, ganador del Premio Día de Internet 2018 a mejor marca personal en RRSS y finalista en los European Digital Mindset Awards 2016, 2017 y 2018.