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Los polos opuestos no se atraen, más bien al contario

polos opuestos no se atraen
Escrito por Óscar Condés

El tan extendido tópico parece no sostenerse en la vida real a tenor de lo que revela una investigación realizada en el campo de la psiquiatría.

Lo dice el tópico y lo refuerzan constantemente muchas series de televisión y comedias románticas: Los polos opuestos se atraen. Pero parece que el cine y la TV no van muy acordes con lo que dice la ciencia. Y es que un nuevo estudio dice que la similitud genética puede ser determinante en la formación de una pareja, sobre todo si el parecido se refiere al tipo de trastorno psiquiátrico que tiene cada uno de sus miembros.

El estudio ha sido publicado en el último ejemplar de la revista JAMA Psychiatry (una publicación internacional para médicos, científicos e investigadores en psiquiatría, salud mental y ciencia del comportamiento que pertenece a la asociación norteamericana de médicos) y se basó en la observación de 707.263 personas de nacionalidad sueca que al menos tenían una enfermedad psiquiátrica: Trastorno de déficit de atención e hiperactividad, esquizofrenia, trastorno bipolar, ansiedad y depresión, trastorno obsesivo compulsivo, autismo… El estudio también se centró en analizar a individuos con dolencias físicas como la diabetes, enfermedad de Crohn, artritis reumatoide y otras, todas ellas relacionadas de algún modo con la herencia genética (cuánto de hereditario tienen todas estas enfermedades es algo que sigue abierto al debate, pero que la genética tiene algo que ver en ello es un hecho). Finalmente, por cada persona afectada con alguna de estas dolencias físicas o psicológicas, se incluyeron a cinco sujetos no afectados como control.

A partir de ahí, los investigadores del Instituto Karolinska en Suecia observaron los affaires románticos que se produjeron entre este grupo de personas y que fueron más allá de los 18 meses. Así, observaron que las personas con trastornos psiquiátricos eran más propensos a juntarse con alguien que también tenía un trastorno psiquiátrico, y la probabilidad era más alta en el caso de que ambos compartieran la misma enfermedad.

En los pocos estudios que han examinado las relaciones de pareja asociadas con el tipo de diagnósticos, los métodos se han basado generalmente en pequeñas muestras de voluntarios o en informes realizados personalmente por las propias parejas” nos cuenta Ashley Nordsletten, neurocientífica responsable del estudio. Éste, sin embargo, contenía personas con diagnósticos clínicos de todos los ámbitos, y se hizo trabajando con historias clínicas anónimas y en “condiciones psiquiátricas que variaban en función de la edad de inicio, la naturaleza y gravedad de los síntomas, así como la prevalencia de la población”.

¿Qué pasa con los niños?

Esto no quiere decir, según los creadores del estudio, que el nombre del futuro cónyuge de uno pueda estar escrito en las líneas de su código genético. Los números obtenidos en el estudio son significativos, aunque su efecto es relativo. Por otra parte, el criterio de Nordsletten para determinar si las relaciones eran exitosas o no, más que la felicidad, era la fertilidad. Debido a que la mayoría de parejas en Suecia prefieren irse a vivir juntas en lugar de casarse legalmente, el nacimiento de un niño era casi el único camino viable para determinar si las parejas eran realmente estables. Así, teniendo en cuenta que el enfoque de este estudio está centrado en personas que se han unido teniendo similares trastornos psiquiátricos de tipo genético, el futuro psiquiátrico de esos niños se plantea como una cuestión interesante.

La idea de que las personas con ciertos problemas psiquiátricos que tienen hijos podrían perpetuar o aumentar la incidencia de estos trastornos no es nueva. En 2001, Wired ya publicaba un artículo sobre las tasas crecientes de personas con autismo y síndrome de Asperger en Silicon Valley. En él, su autor se preguntaba si el área de la bahía, seno de las mejores y más brillantes empresas de tecnología, se ha convertido en un experimento incontrolado y accidental sobre la amplificación de los trastornos de tipo autista. Se trata de un tema candente, no en vano un informe de la Sociedad de Autismo del Área de la Bahía de San Francisco revela que el número de casos de este tipo atendido por el Departamento de Servicios de Desarrollo de California es 15 veces mayor hoy día que en el año 1990.

Y es que el estudio sueco del que os estamos hablando no era sólo un intento de controlar quién se casa con quién. Nordsletten espera que su investigación ayude a aclarar de qué manera estos trastornos se transmiten de padres a hijos, y ayudar a los cuidadores a gestionar mejor unas condiciones a menudo mal entendidas. Eso significa que el siguiente paso es ver cómo los diagnósticos de los padres se ponen de manifiesto en sus genotipos. ¿Y después de eso? “Seguir trabajando con los hijos de estas personas sería una forma natural de continuar el trabajo“, concluye Nordsletten, “tal vez la ciencia no vea películas, pero esto suena como una muy buena secuela”.

Vía | Wired

Sobre el autor de este artículo

Óscar Condés

Periodista todoterreno especializado en tecnología y con una amplia experiencia en medios de comunicación. Fotógrafo, realizador, bloguero, viajero y apasionado por la tecnología desde la era analógica. Asistiendo en primera línea de trinchera a los cambios de la revolución digital.