Ciber Cultura

¿Merece la pena ver ‘CSI: Cyber’?

CSI Cyber Logo
Escrito por Marcos Merino

La oferta de derivados de la popular serie sobre la policía científica estadounidense se amplía desembarcando en el campo de los delitos informáticos.

Que levante la mano quien nunca se haya quedado pegado a la pantalla viendo algún capítulo de CSI (o de sus spin-offs de Miami o Nueva York). ¿Nadie?

Comprensible: CSI fue una revolución televisiva, que además descubrió al público la labor y los métodos de la policía científica, popularizándolos al tiempo que unía su propia marca a esta clase de unidades policiales en el imaginario popular (¿cuántas veces no habremos oído hablar en los medios de “los CSI españoles” para referirnos a la unidad científica de nuestra propia Policía Nacional?). CSI nos enseñó que los cadáveres y las escenas del delito pueden decir muchas cosas si se hacen los análisis (genéticos, químicos, etc) adecuados.

Por eso, cuando anunciaron que saldría una nueva serie de la franquicia, centrada en el campo de los delitos informáticos y protagonizada por la reciente ganadora del Oscar a la mejor actriz secundaria, Patricia Arquette, no pude evitar interesarme. Y, en cuanto tuve ocasión, vi el capítulo piloto.

¿La versión breve? No me veréis escribiendo reseñas del resto de capítulos. Para la versión larga, seguid leyendo:

El primer problema es que lo que nos presenta esta serie no es CSI. Primero, no estamos ante un equipo de científicos de la policía de un condado, como en los casos anteriores. ‘CSI: Cyber’ nos presenta, sencillamente, a la unidad de delitos informáticos del FBI. No hay una “investigación de la escena del crimen” como tal, por mucho que metan en bolsitas los portátiles y smartphones de la familia que protagoniza el primer caso. Han bautizado como ‘CSI’ esta serie por la sencilla razón de que cuando tienes en tus manos una marca rentable cuesta mucho dejarla en paz antes de dejarla totalmente exprimida. Pero la denominación resulta tan improcedente como bautizar “Mentes Criminales: Inmigrantes” a una serie sobre la policía de fronteras de Texas o “Canción Triste de Hill Street: Al-Qaeda” a otra sobre una unidad antiterrorista.

Hay un popular dicho italiano que reza “si non è vero, è ben trovato” (“Si no es verdad, al menos está bien contado”). Quiero creer que las cosas más básicas del argumento de ‘CSI: Cyber’ son ciertas, al fin y al cabo la productora presenta a Avery Ryan (el personaje de Arquette) como alguien basado en la vida de la muy real Mary Aiken, una ciberpsicóloga forense… que no es ni policía (sólo asesora) ni estadounidense (es irlandesa). Pero aspectos como la motivación de Ryan para meterse a investigar delitos informáticos resultan terriblemente endebles y dejan claro que necesitaron un calzador para meter a una psicóloga a dirigir una unidad de este tipo… aunque después resulta muy útil para que ésta ejerza poderes de super-deducción. Y lo de que un hacker ‘black hat’ recale en este grupo casi como si cumpliera servicios a la comunidad y en un par de horas le tengan investigando el secuestro de un bebé… en fin, no está muy “ben trovato”.

Afortunadamente, el personaje del hacker está supervisado por Daniel Grummitz, el gordito con barba y pinta de freak/geek/nerd de manual. Alerta estereotipos. Y tienen un montón de pantallas con código fuente pasando a velocidad de vértigo (cuánto daño hiciste, Matrix). Y hacen ‘autopsias’ con brillantes hologramas en 3D que manejan sólo moviendo las manos (cuánto daño hiciste, Minority Report). Y a los malos les pillan por no estar a la altura de tal nivel de molonismo tecnológico: resulta que, tras descubrir una vulnerabilidad en popular dispositivo de vigilancia de bebés y montar un negocio internacional en torno a ello, pillan a la mente criminal del episodio por incumplir la regla número 1 del usuario informático (“no dejar por ahí escritas las contraseñas”). Bueno, y también la número 2 (“cambiar las contraseñas regularmente”: las tenía tatuadas).

Podría criticar más cosas del capítulo, pero creo que con esto os habéis hecho una idea, y yo he cumplido con mi responsabilidad ahorrándoos una frustración televisiva. De nada.

Sobre el autor de este artículo

Marcos Merino

Marcos Merino es redactor freelance y consultor de marketing 2.0. Autodidacta, con experiencia en medios (prensa escrita y radio), y responsable de comunicación online en organizaciones sin ánimo de lucro.