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La gastrofísica, el ingenioso concepto de fundir la comida con la música

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Mezclar la música con la comida no es un nuevo invento. Desde tiempos inmemoriales se viene haciendo en todas las culturas, pero la gastrofísica está en auge. Y es que se ha demostrado que una buena mezcla entre sonido y gusto cambia la percepción de la comida.

La música y la comida siempre han estado muy relacionadas a lo largo de la historia. Comer mientras se escucha tocar a una banda, en bodas, festivales, o mientras haces un picnic siempre han ido de la mano, por eso la gastrofísica está tan de moda.

Este fenómeno de la gastrofísica viene a afirmar que los placeres en la mesa radican en nuestra mente, y no en nuestra boca como estamos acostumbrados a pensar.

Comer es un acto funcional, y escuchar música algo opcional. Pero con la civilización a lo largo de la historia se unieron ambos conceptos y comenzó la fiesta de la gastrofísica.

Según el cantante y compositor Cerys Matthews “la música y la comida siempre han ido de la mano”. Mathews ha creado un festival boutique que combina ambas cosas.

Ya desde los romanos, la música amenizaba las reuniones y eventos, así como los funerales y las obras de teatro. En los periodos posteriores al Barroco surgiría la música clásica, y los banquetes reales sonaban al ritmo de valses, concierto y piezas de cámara, pero la comida también fue lo que inspiró a estos compositores según The Guardian.

A partir del siglo XVIII se instauró el concepto de ‘restaurante moderno’ de hoy en día, es decir, con camareros, mesas y música. El crítico de comida y editor de Waitrose food William Sitwell explica que “la música cuando se come puede crear una atmósfera, si se hace bien. Hay que hacerlo con sutileza. Los grandes chefs son maestros de muchas cosas, desde la decoración hasta la música. Si tu único regalo es cocinar supremamente, no llegarás muy lejos “.

Por su parte, Matthews opina que la música “acentúa una comida, pero hacer que la música sea correcta es un arte”. Además, explica que el sonido afecta a nuestras emociones por tanto cuando comemos provoca que nuestros sentidos se vean influidos por la música.

Está demostrado que las personas disfrutan más de las comidas cuando estas están acompañadas de melodías. Y si encima se combinan la procedencia cultural de la comida con su música específica, es más gratificante aún, por ejemplo en un restaurante indio con música india.

O la música tailandesa, la cual intensifica el sabor de la comida tailandesa según Matthews. Pero hay que tener cuidado y poner las dosis precisas de cada arte, ya que poner la música demasiado alta puede suprimir nuestra capacidad de degustar, según el profesor de la Universidad de Oxford y psicólogo Charles Spencer.

También se puede utilizar la música para provocar otras reacciones en las personas, por ejemplo, según Spencer, si suena música francesa en un supermercado, es más probable que compren vino francés, y la música clásica hace que la gente se gaste más dinero.

En relación con la gastronomía, Spencer afirma que “la intensidad y el ritmo, o los latidos por minuto afectan la forma en que comemos. A medida que suben, tendemos a comer o beber al ritmo de la música. Algunos restaurantes usan música rápida para sacar a la gente rápidamente y reducir la velocidad si quieren que los clientes se detengan. Estamos arrastrados en ciertas direcciones por la música “.

La música como un ingrediente principal

También la música al cocinar provoca efectos diferentes que cuando lo hacemos sin ella. “La música cuando cocino es terapéutica. Puede ser cualquier cosa desde Mozart a NWA. Me resultaría muy extraño cocinar sin él. Entre los chefs profesionales, de nuevo es un tema polémico: algunos piensan que la música es una distracción, mientras que otros insisten, incluso prosperan en ello “, dice Sitwell.

Es decir, la música puede afectar en las elecciones sobre lo que comemos, cómo lo comemos, la forma en que cocinamos, puede provocarnos emociones. Como afirma Spencer, la música no es solo un acompañamiento a la comida, sino un ingrediente principal en ella.

“Lo llamo sazón sónico. Puedes escoger o hacer música porque sus cualidades sonoras parecen dar sabor. Un tono más alto puede producir sabores dulces o amargos, mientras que las notas más bajas pueden producir sabores amargos. Puedes crear menús musicales: música cremosa, música umami ”, explica Spencer.

Además, esta reacción probablemente es algo innato, no aprendido, según Spencer: “Una sugerencia es que tenemos algún sentido innato que ha sido inútil hasta ahora. Naturalmente, correlacionamos el color y el sabor, por ejemplo, de modo que el verde en la fruta tiende a ser amargo e inmaduro, por lo que quizás hagamos lo mismo con el sonido”.

Hay personas que no creen en esta asociación gastrofísica, por eso Youssef ha creado unos eventos llamados la Mesa del Chef de Youssef, donde se mezcla la textura, la estimulación visual, los olores y el sonido con la gastronomía.

“Si las personas son escépticas, deberían sentarse y relajarse con un vaso de su whisky favorito, luego tocar diferentes tipos de música mientras lo disfrutan”, dice Youssef. “Se darán cuenta de las diferentes características que son sacadas por los sonidos. El acceso que tenemos a la música ahora, a través de estaciones de radio y transmisión, significa que es fácil de experimentar “, afirma Youssef.

Steve Keller, director ejecutivo de audio IV y formado en psicología por su parte afirma que hay que alinear los sentidos de forma congruente.

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“A lo largo de la historia, la música ha sido parte del ritual de comer”, dice Keller. “Pero no entendíamos su influencia. Al ser intencional, la música puede mejorar una comida. Se trata de cómo lo usas. Conoces los ingredientes para un pastel, pero es cómo lo horneas lo que afecta el sabor. La música tiene que sonar bien, no puede ser una cacofonía. Tampoco es magia. No se puede hacer algo picante con el sonido, pero la música ‘picante’ mejora los sabores picantes “.

Es decir, según Keller, el uso de la música junto con la gastronomía podría tener un impacto profundo en las vidas de las personas, y propone un concepto de refrigerador inteligente al que puedas pedirle la música que necesitas para cocinar un plato, o para comer unos espaguetis con el mejor ingrediente, que es la música perfecta que puede acompañarlo.

La gastrofísica por tanto pueden hacernos redescubrir nuestro sentido del gusto y del sonido, mezclando ambos y combinándolos como un todo que necesita el uno del otro.

Vía | The Guardian

Sobre el autor de este artículo

Alicia Ruiz Fernández