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La ciencia confirma que viajar en avión es peligroso, pero no por el motivo que crees

Escrito por Eduardo Álvarez

La NASA ha realizado un estudio que mide el nivel de radiación a los que nos exponemos al viajar en avión. Es el doble del que recibimos a nivel del mar.

La ciencia acaba de confirmar que viajar en avión puede llegar a ser peligroso, pero no por el motivo que imaginas. El aeroplano sigue siendo el método de transporte con menor siniestralidad, aunque en él acecha un peligro invisible: la radiación, que golpea constantemente al viajar en avión.

La NASA ha elaborado un estudio que mide la cantidad de radiación que se recibe a distintas alturas, indicativas ya que son similares a las que suele utilizar el avión en su viaje alrededor de la Tierra. Como referencia han tomado la radiación que un cuerpo absorbe a nivel del mar.

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Esta investigación arroja resultados inquietantes, sobre todo para la tripulación de cabina. A unos 49.000 pies (15.000m) de altura, la radiación es más del doble de la normal, lo que a largo plazo podría provocar cáncer y otras enfermedades relacionadas con mutaciones genéticas.

¿A qué se debe este fenómeno? La Tierra recibe de forma constante y contundente radiación cósmica, procedente del Sol y como consecuencia de otros hechos del Universo, como pueden ser los ecos del Big Bang. Por suerte para la humanidad, el campo electromagnético que rodea nuestro planeta y la atmósfera “filtran” estos rayos y limitan la cantidad de ellos que llegan a la superficie.

Sin embargo, a mayor altura, menos protegidos estamos contra ellos. Es lo que hace que al viajar en avión el peligro de exponernos sea mayor. Además, el tipo de partículas que se encuentra en las capas superiores de la atmósfera es mucho más dañino, ya que no ha atravesado ningún tipo de filtro.

El objetivo de esta investigación de la NASA no es sólo descubrir el riesgo que la radiación implica al viajar en avión, sino proteger a sus astronautas de ellas. Si a 15km de altura los rayos golpean sobre los tejidos de forma directa, fuera de la atmósfera el efecto es aún peor.

Las estancias prolongadas en la Estación Espacial Internacional y los previstos viajes a Marte serían el equivalente a comprar casi todos los boletos para la lotería del cáncer. La única forma de evitarlo es desarrollar mejores instrumentos para medir la radiación y mantenerla a raya.

La preocupación por la exposición a los rayos X y de otro tipo es cada vez mayor. Hay gente que señala hacia los móviles como emisores de estos rayos, aunque es una afimación sin base científica, como pudimos comprobar.

Artículo publicado en Computerhoy

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Eduardo Álvarez