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¿Hemos exagerado los efectos de las bombas de Hiroshima y Nagasaki?

Escrito por Marcos Merino

Tanto el público general como los propios científicos parten de una percepción de los efectos de la radiación sobre los supervivientes que no se corresponde con la realidad.

Hace poco días, el mundo conmemoraba el 71 aniversario de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, en los que EEUU arrojó dos bombas nucleares (una de uranio y otra de plutonio) durante las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial. El efecto más inmediato de las mismas fue la muerte de más de 200.000 japoneses pero, a largo plazo, la exposición a la radiación por parte de los supervivientes también incrementó sus tasas de cáncer.

Sin embargo, según un estudio publicado en la revista Genetics que parte de los datos recopilados durante 60 años sobre la salud de dichos supervivientes y sus descendientes, la idea que el público general tiene sobre las consecuencias de ambas bombas sobre la salud (cáncer, malformaciones congénitas, etc) es “exagerada”.

Según el autor del estudio, el biólogo molecular francés Bertrand Jordan, la mayoría de la gente, “incluidos muchos científicos”, tiene la impresión de que todos los supervivientes se enfrentan a un estado de salud débil y tasas muy altas de cáncer o mutación genética”. Sin embargo, “hay una enorme diferencia entre la creencia y lo que en realidad dictan los estudios”.

Los estudios sobre la salud de los supervivientes empezaron en 1947 a instancias de la Fundación para la Investigación de los Efectos de la Radiación, financiada por los gobiernos de Japón y EEUU. Según la investigación, la esperanza de vida de los supervivientes sólo se redujo unos pocos meses en comparación con los que no habían estado expuestos. De hecho, la mayoría de ellos no llegó a desarrollar cáncer ni otras enfermedades similares.

Ni alarmismo ni complacencia

El autor del estudio, sin embargo, es cauteloso: pese a que no ha podido encontrar diferencias significativas en la salud de los hijos de los supervivientes, no descarta que los efectos puedan salir a flote en algún momento.

Jordan advierte contra la tentación de usar estos resultados para caer en la complacencia respecto al riesgo de la energía atómica: “Fukushima mostró los desastres que pueden ocurrir incluso en países con regulaciones estrictas”. Sin embargo, también considera fundamental que el debate en torno a dichos riesgos sea “racional, basado en datos científicos y no en una falsa exageración del peligro”, y señala que “la gente teme más a los nuevos y desconocidos peligros que a los que son familiares”, entre los que pone de ejemplo el carbón.

Vía | Agencia SINC

Sobre el autor de este artículo

Marcos Merino

Marcos Merino es redactor freelance y consultor de marketing 2.0. Autodidacta, con experiencia en medios (prensa escrita y radio), y responsable de comunicación online en organizaciones sin ánimo de lucro.