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En España se reciclan 3,2 kilos de residuos electrónicos por ciudadano y año

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En el Día Internacional del Reciclaje analizamos cómo y cuánto se reciclan los componentes electrónicos en España.

El 17 de mayo se celebra el Día Internacional del Reciclaje, una fecha marcada en verde en el calendario y que sirve para que no nos olvidemos de la importancia de procesar adecuadamente todos los residuos que producimos en nuestro día a día. Entre ellos, los componentes electrónicos son uno de los elementos  que menos se reciclan y que, en cambio, más necesario es.

En ese sentido, el reciclaje de componentes electrónicos es obligatorio en Europa desde hace apenas 13 años. Actualmente en España se recogen de media 3,2 kilos de residuos de aparatos electrónicos por habitante al año, por debajo del objetivo establecido por ley, que se sitúa en los cuatro kilos por ciudadano.

“A pesar de que nos queda un largo camino para alcanzar las cifras registradas en países más avanzados como Suecia o Noruega, el salto dado en algo más de una década ha sido considerable”, opina José Pérez, consejero delegado de la plataforma medioambiental Recyclia, que gestiona las acciones de Ecopilas, Ecofimática, Ecoasimelec y Tragamóvil, fundaciones dedicadas a la recogida selectiva y el reciclaje de pilas usadas. “En lo que se refiere al compromiso de empresas y usuarios, podemos decir con satisfacción que la sociedad ha asimilado la necesidad de contribuir al cuidado del medio ambiente y al ahorro energético también mediante el reciclaje de este tipo de residuos. Cabe destacar, el esfuerzo de los usuarios para separar los residuos electrónicos y depositarlos en sus contenedores específicos”.

No en vano, y según datos del CIS, más del 60% de los españoles emplea habitualmente los puntos limpios o llama a su ayuntamiento para deshacerse de los electrodomésticos y otros aparatos electrónicos.

Los componentes electrónicos no son biodegradables

Los aparatos electrónicos están compuestos de sustancias y materiales que no son biodegradables, por lo que si no son tratados apropiadamente pueden ser perjudiciales para nuestro entorno. Además, su gestión es más compleja que la de otra clase de residuos. Entre otros motivos, porque cada línea de aparatos requiere unos procesos de descontaminación y de reaprovechamiento específicos, en función de sus materiales y sustancias de fabricación.

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En palabras de José Pérez, “los residuos electrónicos exigen extremar las precauciones en su recogida y transporte a las plantas de tratamiento y han de ser gestionados por agentes autorizados. En las plantas son clasificados según su categoría y se retiran los materiales potencialmente contaminantes, tales como condensadores, PVC, metales pesados o mercurio, que a su vez son enviados a gestores especializados para su correcto tratamiento”.

En ese mismo sentido, hay empresas que han tomado medidas al respecto, como el fabricante de impresoras y multifuncionales Kyocera que ha eliminado de sus tóneres el CCA (Charge Control Agent) al mismo tiempo que ha impulsado el uso de componentes de larga duración en sus dispositivos para así extender la vida útil de los equipos.

Más control público para asentar el reciclaje de componentes electrónicos

Aunque el reciclaje de componentes electrónicos está en aumento y se están obteniendo notables mejoras medioambientales y sociales de este proceso, lo cierto es que aún queda un largo camino por recorrer hasta situarnos al nivel de los países más avanzados de la Unión Europea.

Y en ese trecho, es indispensable que las distintas Administraciones Públicas se involucren en el desarrollo del reciclaje y el procesamiento de este tipo de residuos. Como defiende el CEO de Recyclia, “demandamos a la administración una regulación exhaustiva y un mayor control para la consolidación definitiva del sector. Para ello, es vital atajar las deficiencias que frenan el crecimiento de los kilos gestionados en nuestro país, entre ellas la escasez  de  mecanismos  eficaces  de  inspección  y  control   para acabar con prácticas agravadas por la crisis, como los robos en puntos limpios y la gestión ilegal de residuos, y la competencia desleal de fabricantes que no se responsabilizan de la gestión de sus productos al final de su vida útil”.

Asimismo, afirman desde esta organización, es indispensable establecer unos criterios homogéneos en la contabilización y la trazabilidad de los diferentes flujos legales de residuos y simplificar los trámites administrativos, de manera que se eviten gastos innecesarios a los actores de la cadena de recogida y reciclaje que luego no reviertan en los ciudadanos.

Recyclia ha gestionado 118.000 toneladas de residuos electrónicos desde 2002

Recyclia es una plataforma medioambiental sin ánimo de lucro, integrada por 970 empresas fabricantes e importadores de produc­tos eléctricos y electrónicos. Este organismo cuenta con una red de más de 37.000 puntos de recogida de cobertura nacional, coordina la retirada de todos los residuos, tanto de origen doméstico como profesional,  y  los trasladan a plantas de tratamiento autorizadas donde son descontaminados y recuperados los materiales reutilizables.

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“En lo que se refiere a nuestra evolución como plataforma medioambiental, desde 2002 hemos gestionado más de 118.000 toneladas de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos”, explica José Pérez. “Desde entonces hemos logrado aumentar años tras año el volumen de residuos reciclados y acercarnos a los 4 kilos por habitante al año que establece la ley, incluso en los últimos en los que el descenso de las ventas y el aumento de la vida útil de los dispositivos, a consecuencia de la crisis económica,  ha producido un estancamiento en la generación de residuos”.

Sobre el autor de este artículo

Alberto Iglesias Fraga

Periodista especializado en tecnología e innovación que ha dejado su impronta en medios como TICbeat, El Mundo, ComputerWorld, CIO España, Kelisto, Todrone, Movilonia, iPhonizate o el blog Think Big de Telefónica, entre otros. También ha sido consultor de comunicación en Indie PR. Ganador del XVI Premio Accenture de Periodismo y Finalista en los European Digital Mindset Awards 2016.