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Dos iconos de Silicon Valley quieren presidir los EEUU

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Escrito por Marcos Merino

Si no fuera suficiente el caos de las primarias de EEUU, dos contendientes han aterrizado por sorpresa en la campaña. ¿Su nexo de unión? La industria de Internet.

Las primarias presidenciales estadounidenses están, a estas alturas, mucho menos definidas que lo que muchos habrían esperado hace unos meses: en la derecha, el polémico y excéntrico empresario Donald Trump se ha alzado con el puesto de troll republicano desde el que opaca a los -en principio- favoritos Marco Rubio y Jeb Bush; y en la izquierda el creciente apoyo de las bases al senador Sanders amenaza el ‘paseo triunfal’ que muchos vaticinaban a Hillary Clinton.

Y si este caos no fuera suficiente, otros dos precandidatos han aterrizado por sorpresa en la campaña en la última semana. Su nexo de unión, pese a las diferencias ideológicas y biográficas, es la industria de Internet. Y en Internet ya están dando (y seguirán dando) de qué hablar.

La republicana: Carly Fiorina

En la biografía de la precandidata republicana Carly Fiorina (Austin, EEUU, 1954) podemos encontrar varios hitos: tras haber dirigido Lucent, una filial de la operadora AT&T, en 1999 se convertía en la primera mujer en encabezar una compañía del Fortune 20, el gigante tecnológico Hewlett-Packard. Desde ese puesto lideraría la fusión de HP con Compaq y para 2001 ya se había convertido, según Forbes, en una de las 30 mujeres más poderosas de EEUU.

Pero, sólo 4 años más tarde, Fiorina era obligada a dimitir por la repercusión negativa que tuvo para la compañía su gestión de la fusión con Compaq y el posterior despido de 30.000 empleados: HP había perdido el 50% de su valor en Bolsa y el descontento entre su plantilla era ya materia de reportajes en la prensa económica. A raíz de aquello, empezaría a aparecer regularmente en los rankings de ‘peores CEO tecnológicos de todos los tiempos’.

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Fiorina descubrió tres años después la política, de la mano del Partido Republicano. No tuvo suerte en su desembarco en la misma en 2008, como integrante del equipo de campaña de John McCain en la campaña presidencial que perdió frente a Barack Obama, ni tampoco en su segundo intento: en 2010 fue candidata republicana al Senado por California, perdiendo por 10 puntos frente a la candidata demócrata.

Sin embargo Fiorina, inasequible al desaliento, entiende que aún tiene mucho que aportar a su país: “HP requiere la toma de decisiones ejecutivas y la presidencia tiene que ver con la toma de decisiones ejecutivas”, argumentó cuando el pasado 4 de mayo anunció su intención de participar en las primarias presidenciales del Partido Republicano, siendo la única mujer que hasta ahora participa en dicho proceso.

Y aquí ha sido cuando la estrella de Fiorina ha empezado, tímidamente, a brillar de nuevo. Tras participar el pasado 7 de agosto en ‘el debate de los segundones’ republicanos que antecedía al de los grandes favoritos, su buena actuación (todos los medios coincidieron en darle la victoria) le ha hecho dispararse en las encuestas hasta alcanzar el 9%, pisándole los talones a grandes nombres del ‘stablishment’ republicano como Marco Rubio y Jeb Bush, situados en el 10% (el polémico candidato revelación Donald Trump lidera con un 17%, pero pocos analistas le ven como opción real para su partido).

Ahora, Fiorina tiene por delante la posibilidad de marcar un nuevo hito en su biografía. Y aun si se queda a las puertas de la candidatura presidencial, no sería la primera vez que un pre-candidato derrotado termina formando parte del gabinete del ganador. ¿Le darán los estadounidenses las llaves de su Casa Blanca a una de ‘las peores CEO de la historia’? Veremos.

El demócrata: Lawrence Lessig

El perfil de Lawrence Lessig no podría ser más diferente del de su potencial rival republicana en las presidenciales. Lessig es un académico del Derecho que recaló en la izquierda demócrata procedente de la misma derecha libertaria a la que se adscribe, por ejemplo, Jimmy Wales (fundador de la Wikipedia), y se ha destacado, ante todo, como activista pro-cultura libre: fue impulsor de las exitosas licencias copyleft Creative Commons, miembro de la directiva de la Free Software Foundation y de la Electronic Frontier Foundation, y ha escrito también varios libros al respecto (como ‘Cultura libre’, ‘El Código 2.0’, o ‘Remix’).

Pese a ello, y aunque nunca ha abandonado esta lucha, el foco de su activismo fue cambiando con el tiempo: hace 10 años, fue muy activo reivindicando el principio de neutralidad de la red y denunciando el papel de las relaciones industria-Congreso en la regulación de las patentes y la extensión del copyright. Convencido de que el problema se encuentra en la arquitectura institucional de su país, desde 2007 sus esfuerzos se dirigen hacia la reforma del Congreso (término que en EEUU engloba a las dos cámaras legislativas: Senado y Cámara de Representantes).

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Poco después, Barack Obama se convertía en presidente con un programa que abordaba de forma extensa propuestas relacionadas con la Red y las libertades digitales y el nombre de Lessig sonó fuerte para convertirse en el primer Chief Technology Officer de EEUU. No fue finalmente el elegido, pero sí fue fichado como asesor de la Casa Blanca. No funcionó: en diciembre de 2010, Lessig afirmaba “Ya no soy asesor de Obama. Su política me ha decepcionado, es demasiado convencional y poco revolucionaria. Ha olvidado las promesas de cambio y está jugando con las viejas reglas”.

Recientemente, Lessig empezó a asesorar a Bernie Sanders, el senador de Vermont que se había convertido en el precandidato demócrata de referencia para el ala izquierda de su partido. Pero tampoco él colmó sus aspiraciones de cambio, por lo que el pasado día 11 de agosto, Lessig convocó a la prensa para comunicarle su intención de presentar su propia candidatura presidencial por el partido demócrata. Su decisión final dependerá de que dentro de dos semanas haya sido capaz de recopilar suficientes fondos a través de la campaña de crowdfunding que su equipo ha puesto en marcha.

Si así fuera, Lessig ya ha comunicado en qué propuesta basará su campaña: en una ‘Ley de Igualdad de los Ciudadanos’ tras cuya aprobación dimitirá, dejando paso a su vicepresidente. Dicha ley se compondrá de un paquete de reformas para facilitar el voto a través del registro automático, poner fin al ‘gerrymandering’, y limitar la influencia de los donantes privados en las campañas políticas. Su plan es dotar a las presidenciales de una dimensión ‘plebiscitaria’ con la que presionar al Congreso para que aprueben su ley.

Lessig tiene complicado competir por las donaciones con la estrella ascendente de Sanders, por la nominación demócrata con el liderazgo consolidado de Hillary Clinton, y por la presidencia contra cualquier otro candidato que se ajuste más al papel de líder del Poder Ejecutivo que la sociedad estadounidense la figura del presidente.

En la carrera por elegir al Comandante en Jefe, una estrategia como la de Lessig puede ser considerada una mera ‘performance’, por necesarias que puedan ser sus reformas.

Sobre el autor de este artículo

Marcos Merino

Marcos Merino es redactor freelance y consultor de marketing 2.0. Autodidacta, con experiencia en medios (prensa escrita y radio), y responsable de comunicación online en organizaciones sin ánimo de lucro.