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¿Componer música a partir de señales cerebrales? Si Mozart levantara la cabeza…

Mediante un casco, un electroencefalograma y una interfaz cerebro-ordenador, ya se puede lograr que un sujeto genere diferentes composiciones armónicas como la fusa y la corchea con un ritmo entre 31,25 y 250 milisegundos, directamente desde su mente.

¿Se imaginan poder crear composiciones sonoras a partir de nuestra mera actividad cerebral? Esta innovación, en la que -eso sí- la calidad de la melodía sigue siendo responsabilidad de la creatividad de cada cual, ha sido desarrollada por científicos de las universidades Nacional de Colombia y de Caldas.

Su funcionamiento es el que sigue: en la primera etapa se adquieren las señales de un electroencefalograma (EEG) por medio de un dispositivo Open BCI, que convierte órdenes del cerebro en señales de bioelectricidad. Luego se realiza un control consciente y otro inconsciente de las personas que utilizan el sistema.

Esta información es procesada y enviada al sistema de composición desarrollado en el software MAX/MSP, que permite interpretar los datos de los estados cerebrales en estructura de música atonal (comportamiento musical sin secuencia de tonos).

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Tan simple y tan complejo a la vez. De cara al sujeto que cree la música con su mente, todo parecerá de lo más natural: apenas se debe poner sobre la cabeza un dispositivo de adquisición de señales biológicas (casco) mientras se observa un estímulo visual (parpadeo) en la pantalla de un computador.

Después, por medio del sistema Brain-Score, las señales se traducen en composiciones musicales que pueden ser escuchadas al instante. Así pues, mientras que la persona tenga el casco puesto se generan diferentes composiciones armónicas como la fusa y la corchea (figuras musicales), con un ritmo entre 31,25 y 250 milisegundos. 

Los datos obtenidos del EEG y procesados a través de la interfaz cerebro- ordenador (BCI) son utilizados para controlar un sistema de interfaces gráficas que representan las notas musicales y generan estructuras creativas de composición atonal por medio de la manipulación de datos MIDI, propios del sistema, que finalmente se traducen en instrumentos musicales digitales, tales como sintetizadores y máquinas de sampling, entre otros.

Sobre el autor de este artículo

Alberto Iglesias Fraga

Periodista especializado en tecnología e innovación que ha dejado su impronta en medios como TICbeat, La Razón, El Mundo, ComputerWorld, CIO España, Business Insider, Kelisto, Todrone, Movilonia, iPhonizate o el blog Think Big, entre otros. También ha sido consultor de comunicación en Indie PR. Ganador del XVI Premio Accenture de Periodismo, ganador del Premio Día de Internet 2018 a mejor marca personal en RRSS y finalista en los European Digital Mindset Awards 2016, 2017 y 2018.