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¿A qué edad debe un niño tener su primer móvil?

Escrito por Lara Olmo

Es la pregunta que se hacen muchos padres. La de a qué edad es conveniente darles a los niños su primer móvil, la llave directa a internet, con todo lo bueno pero también los malo que encierra. Varios expertos ofrecen sugerencias.

Hace solo uno días se hizo viral un vídeo en Periscope donde se veía a una madre escandalizada tras pillar a su hija viendo contenido pornográfico en esta aplicación. La situación refleja bien lo que ha supuesto la universalidad de los dispositivos móviles y el acceso de los más jóvenes a esta tecnología, con consecuencias positivas y negativas.

Por eso muchos padres se hacen esta pregunta: ¿A qué edad debe un niño tener su primer teléfono?. Hay leyes que dictaminan la edad legal para beber alcohol o para conducir pero la respuesta a esa cuestión la marca la lógica y el juicio de cada uno.

Hace diez o quince años, cuando los móviles servían básicamente para llamar y escribir SMS, esta decisión estaba mucho más clara: cuando, por diversas circunstancias, los padres querían que su hijo estuviera contactable, le daban un teléfono.

La importancia de escribir a mano en un mundo de pantallas

Sin embargo ahora este cometido parece casi el más irrelevante de todos: los niños empiezan a pedir su smartphone a edades cada vez más tempranas, ya sea influenciados por sus amigos o porque están acostumbrados a verlos y utilizarlos en su entorno, y no precisamente para hacer llamadas. Y muchos progenitores acaba cediendo a las presiones por no aguantarles o simplemente porque están hartos de prestarles el suyo.

Para contrarrestar esta tendencia, empiezan a surgir iniciativas que tratan precisamente de lograr lo contrario; que los niños tengan su primer móvil a una edad más tardía (al empezar secundaria) y después de interiorizar ciertas limitaciones y estar habituados a la comunicación cara a cara.

Expertos en seguridad coinciden en señalar que la edad más adecuada para que un niño tenga su primer smartphone es entre los 12 y los 14 años. Las razones que alegan es que estos dispositivos pueden ser una fuente de distracciones, llegando incluso a aislarles y, en el pero de los casos, convertirles en presa fácil del acoso y el cyberbullying.

Un estudio reciente realizado por la experta en seguridad Jesse Weinberger sobre 70.000 niños reveló que las técnicas de sexting (envío de mensajes sexuales) y el consumo de contenido pornográfico comienzan alrededor de los 8 años, y que con 11  ya muestran conductas adictivas.

Otro estudio de Common Sense Media también ofrecía datos relevantes: encuestaron a 1.240 padres e hijos y concluyeron que el 50% de los niños admitía ser adictos al smartphone, el 66% de los progenitores creían que los usaban demasiado y el 52% de los chavales les daba la razón en ese sentido.

Además, el 36% de los padres reconoció que discutía con sus hijos a causa del móvil.

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Una forma de hacer que el tránsito de los niños al mundo móvil sea un poco más escalonado es dándoles un teléfono clásico, con el que puedan llamar, mandar algún que otro mensaje, hacer fotos y poco más. Si un tiempo después los padres observan que el uso que hacen es el adecuado, puede llegar el momento de que tengan un smartphone.

Aunque los expertos aconsejan que antes queden claramente fijados los límites y prohibirles el uso en contextos concretos, como en clase o en la mesa durante las comidas. Y si no los respetan, quitárselo.

El mercado de los móviles clásicos sigue vivo

Cada vez más aplicaciones y fabricantes son conscientes del quebradero de cabeza que supone el acceso de los más pequeños a las nuevas tecnologías y poco a poco van implementando nuevas funciones de control parental. Hace solo unos días que Youtube lanzaba en España su canal infantil, con filtros de contenido y acceso, y Samsung ha diseñado la app Safety Screen para proteger la vista de los más pequeños.

No se trata de demonizar la tecnología ni de prohibir por prohibir. Los smartphone en concreto brindan a los niños muchas posibilidades educativas, con herramientas y aplicaciones específicas, y nuevas posibilidades de comunicación y conexión con amigos y familiares.

Sería absurdo intentar impedirles el acceso a los dispositivos y las aplicaciones porque éstas se encuentran por todas partes. Habría que vendarles literalmente los ojos. Lo recomendable es razonar con ellos, explicarles por qué deben emplearlas de forma moderada y con sentido común, y previniéndoles de lo que pueden encontrar si no lo hacen así.

Vía | nytimes.com

Sobre el autor de este artículo

Lara Olmo

Periodista 2.0 con inquietudes marketeras. Innovación, redes sociales, tecnología y marcas desde una perspectiva millenial. Vinculada al mundo startup. Te lo cuento por escrito, en vídeo, con gráficos o como haga falta.