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30 años del peor accidente nuclear de la historia: Chernobyl

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¿Qué ocurrió en la madrugada del 25 al 26 de abril de 1986 en Chernobyl? ¿Cómo se fraguó el mayor desastre nuclear de la historia?

La madrugada del 25 al 26 de abril de 1986, la humanidad vivió el mayor accidente nuclear de la historia. En la remota localidad de Chernobyl (Unión Soviética), en la actual Ucrania y muy cerca de su frontera con Bielorrusia, se levantaba una imponente central nuclear, la Vladímir Ilich Lenin, que con sus cuatro núcleos alimentaba gran parte de la demanda energética de la región gracias a sus 4.000 MWe de potencia instalada.

La central, aunque obsoleta en muchas parcelas, funcionaba a pleno rendimiento la mayor parte del año y sus miles de trabajadores, que poblaban la vecina ciudad de Prypiat, acudían a diario a la planta convencidos de la seguridad y del buen hacer de la maquinaria soviética de la época, ideada por los mejores expertos en energía nuclear del mundo. Pero lo que los expertos diseñadores de la central no pudieron prever la extraordinaria combinación de factores que, encadenados unos a otros, llevaron a la explosión del reactor número cuatro, la muerte directa de unas 30 personas y la mayor liberación de material radioactivo, al menos hasta la crisis de Fukushima en 2011.

Remontémonos al principio de la historia. El día 25 de abril de hace 30 años los ingenieros de la central de Chernobyl decidieron llevar a cabo un sencillo experimento de seguridad, con el que querían comprobar si la inercia de las turbinas podía suplir, en caso de que se produjera un corte de la energía, la potencia necesaria para que las bombas de refrigeración se pusieran en marcha. No en vano, los generadores diésel de emergencia tardan un minuto en ponerse en marcha, tiempo en el que se podía producir un incendio de gran magnitud. El experimento en cuestión consistía en reducir paulatinamente la potencia del reactor para evaluar, en condiciones de emergencia, el funcionamiento de los distintos elementos.

Así, el turno de día de la central comenzó la reducción de potencia la misma mañana del día 25, pero tuvo que interrumpir el proceso ya que otra planta nuclear de la zona sufrió una incidencia. Por ello, la prueba tuvo que ser aplazada y comenzó a tomar forma durante los turnos de la tarde y la noche, los cuales no estaban lo suficientemente instruidos para reaccionar ante cualquier imprevisto. Así, el equipo siguiente reinició la pérdida controlada de potencia a las 23:10 de la noche del 25, aunque el proceso no fue según lo esperado. Un problema con el sistema de regulación automática provocó una caída inesperada de potencia hasta los 30 MWt, muy por debajo de los límites de seguridad aceptables.

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Los ingenieros lograron solventar esta incidencia y controlar la potencia en torno a los 200 MWt, pero para poderla mantener en ese margen se vieron obligados a quitar algunas barras de control del reactor. Se trata de una práctica habitual, normalmente automatizada. Sin embargo, los operarios de la central de Chernobyl, por motivos que se desconocen, apenas dejaron ocho barras en el interior del núcleo, cuando el mínimo para operar con algo de seguridad en este tipo de experimentos es treinta.

El minuto crítico

Todo lo visto anteriormente, junto a fallos en las bombas de refrigeración, condicionó el fracaso del experimento y, por ende, el desastre natural que dio (mala) fama a Chernobyl. En ese sentido, la debacle se fraguó en apenas un minuto, desde las 1:23 a las 1:24 del 26 de abril de 1986. En ese minuto, los responsables de la central decidieron seguir adelante con la fase final de las pruebas y cortar todo el suministro eléctrico a las turbinas, para dejar que éstas funcionaran por inercia.

Por algún motivo, uno de los responsables presionó un botón de emergencia que provocó la entrada de barras de control en el núcleo, pero lo hicieron a demasiada velocidad y se rompieron a mitad de camino, provocando un aumento de la potencia, de la presión y la elevación de la temperatura. Ello, unido a la liberación de determinadas moléculas inestables, provocó la explosión del núcleo.

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Todo fue muy rápido y no dio apenas tiempo a reaccionar a los ingenieros a cargo de la central nuclear, ya que el techo del reactor pronto explotó, liberando al exterior material extremadamente radioactivo. Asimismo, el incendio se propagó rápidamente y llegó a amenazar incluso al reactor contiguo, el número tres. Por si fuera poco, los bomberos tuvieron que lidiar no sólo con la temperatura altísima del núcleo fundiéndose, sino también de un techo recubierto de bitumen, un material altamente inflamable.

La radiación

A raíz de la explosión, dos personas murieron al instante, ambos trabajadores de la central nuclear. Otros 29 perecieron en los días siguientes de forma directa a causa de la radiación y el accidente de la planta de Chernobyl, aunque distintas fuentes elevan a cientos de miles las personas afectadas por este incidente en toda Europa, principalmente a causa del incremento de casos de cáncer por contaminación de yodo-131 y cesio-137.

Las autoridades soviéticas comenzaron a tapar el núcleo dañado con materiales que absorbían la radiación, como el boro. Asimismo, a los trabajadores (la mayoría de ellos voluntarios) se les proporcionaron tabletas de este mismo químico para evitar problemas de salud. Sin embargo, muchos de los trabajadores que llevaron a cabo labores de descontaminación en los alrededores de la central no llevaban equipos de protección adecuados, e incluso los medidores que utilizaban para medir la radiación apenas alcanzaban los límites legales de radiación, con lo que no sabían a ciencia cierta cuán de peligrosa era la situación.

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Con todo ello, problemas de medición incluidos, las autoridades soviéticas tardaron unas 36 horas en decidir y planificar la evacuación de la ciudad de Prípiat, además de un radio de 10 km alrededor de la planta. Eso sí, su ejecución fue ejemplar: en apenas tres horas y media, todos los habitantes de la zona habían sido evacuados o realojados. 

En estos 30 años, el núcleo dañado fue cubierto por sucesivas estructuras de hormigón para impedir que siguiera expulsando gases radioactivos al exterior. La central siguió en funcionamiento con sus otros tres reactores hasta el año 2000, debido a la enorme dependencia que Ucrania tenía de esta planta nuclear. En la actualidad, sigue existiendo una “zona de exclusión” donde está prohibida la vida humana, comer alimentos producidos allí o beber su agua, aunque sí se autorizan visitas guiadas que se han convertido, irónicamente, en un reclamo turístico de primer nivel para ese país. Y es que, del mayor desastre de la energía nuclear, al final se ha conseguido sacar algo positivo de todo ello…

Sobre el autor de este artículo

Alberto Iglesias Fraga

Periodista especializado en tecnología e innovación que ha dejado su impronta en medios como TICbeat, El Mundo, ComputerWorld, CIO España, Kelisto, Todrone, Movilonia, iPhonizate o el blog Think Big de Telefónica, entre otros. También ha sido consultor de comunicación en Indie PR. Ganador del XVI Premio Accenture de Periodismo y Finalista en los European Digital Mindset Awards 2016.