Big Data

El lado malvado del ‘big data’: ¿hemos de preocuparnos?

Cinco mitos sobre el Big Data que no son ciertos, según Gartner

Analizamos las mayores críticas que se hacen al ‘Big Data’ en materia de privacidad, seguridad y uso comercial de la información que gobiernos y empresas tienen.

Redes sociales, imágenes, registros de compras, cifras obtenidas mediante sensores o geolocalización, información bancaria o de empresas… Son prácticamente infinitas las fuentes de datos que hoy en día conforman el Big Data, ese fenómeno del que todos hablan como la gran vía de futuro para los gobiernos y empresas de todo el mundo, que podrán conocer mejor a sus usuarios, personalizar mejor sus servicios y ofrecer productos adaptados a las necesidades de cada cual.

Cada día se generan 2,5 trillones de bytes en información, alguna de ella estructurada, mucha otra no. Solo Google procesa más de 25 petabytes de datos al día. Facebook, con sus 1.200 millones de usuarios, puede presumir de que, cada hora, se compartan en su red más de 10 millones de fotos o que, al cabo del día, se hayan producido unos 3.000 millones de comentarios o “Me gusta”. Por su parte, Twitter atesora más de 400 millones de tuits cada día.

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Son números impresionantes y más aún lo son las posibilidades que se abren ante ellos: poder relacionar datos de nuestras redes sociales con predicciones sanitarias (como hace Google para predecir dónde aparecerá un brote fuerte de gripe, por ejemplo, a través del aumento de búsquedas en su web), para gestionar mejor el tráfico (haciendo que los semáforos interactúen con apps sociales sobre el tráfico), a comprar mejor (ya que las tiendas conocerán nuestros hábitos de consumo y serán más competitivas) y un largo etcétera.

Sin embargo, no todas las señales del Big Data son positivas: hay quienes alertan también del “lado malvado” que esta explosión de los datos puede tener y sus críticas han de ser tenidas en cuenta para que, como siempre que se produce un cambio de paradigma tecnológico, se pueda mejorar y evolucionar hacia un modelo más seguro y comprometido.

La Casa Blanca ya alertó de los peligros de usar mal el ‘Big Data’

La mismísima Casa Blanca alertó el pasado mayo de los peligros que podía tener el mal uso del Big Data por parte de las grandes empresas. Y es que un gran poder conlleva una gran responsabilidad, pero no hay una seguridad absoluta de que las multinacionales vayan a utilizar de forma segura toda la información que recolecten.
Ya en el pasado, algunas de las empresas que conseguían conocer un poco mejor a sus clientes aprovecharon para manipular los precios al alza o para engañar y orientar de forma manipulada sus hábitos de compra. Por eso, ante el tamaño de la revolución que plantea el Big Data, no es de extrañar que muchos se preocupen sobre cómo usarán nuestros datos a escala comercial las grandes corporaciones.

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En ese sentido, la Casa Blanca se mostró especialmente preocupada por el uso de los datos personales de los menores de edad, cuya información -afirma- debe ser utilizada tan sólo con fines académicos, nunca comerciales ni de cualquier otra índole.

‘Big Data’, ¿el Gran Hermano de nuestros días?

Siguiendo la lógica que subyace al Big Data, la explotación de todos los datos que nos rodean y su interrelación automática permitirá a gobiernos y empresas conocernos casi mejor que nosotros mismos. No en vano, estos sistemas lo sabrán todo sobre nosotros, desde la hora en que nos despertamos hasta lo que nos apetece comer, pasando por nuestras costumbres al volver a casa o la ruta que seguimos para ir al trabajo.

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De esta forma, cualquier malévolo dirigente podría vigilarnos sin apenas moverse de su sillón, con un espionaje a gran escala que utilizará todos los medios a su alcance (búsquedas en Internet, lo que digamos en redes sociales,  llamadas, correos electrónicos…) para saberlo todo de nosotros y, quizás, utilizar esa información en su propio beneficio: manipulaciones electorales, estafas comerciales, etc.

Mercados negros (y no tan negros) de datos

Aunque todo este almacenaje e interrelación de datos está regulado por numerosas leyes internacionales y nacionales, siempre en defensa de la protección individual de la privacidad de cada cual, lo cierto es que en Internet no han tardado en proliferar cientos de mercados de datos que se dedican a vender nuestra información personal, con distintos niveles de legalidad en cada caso.

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Encontramos desde los portales que simplemente comercian con nuestro mail para que terceras empresas nos saturen con spam hasta las propias redes sociales, las cuales usan lo que nosotros decimos para que los anunciantes nos puedan atacar con campañas específicas a nuestros intereses.

¿Condenar a alguien por ser un potencial asesino?

El Big Data permite efectuar análisis de probabilidades mucho más realistas y efectivas que hasta ahora, gracias a la comparación de millones de datos entre sí, con cientos de variables distintas que entran en juego.

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Sin embargo, mientras que a nivel comercial el riesgo está en perder dinero y a nivel académico tan sólo implica la pérdida de credibilidad del investigador, un error en estos cálculos de probabilidades sería fatal si se emplea a escala policial o judicial. Y es que, como hemos podido ver en muchas películas de ciencia ficción, la policía podrá emplear el Big Data para conocer qué personas tienen más probabilidades de convertirse en asesinos o ladrones, pudiendo detenerlos antes de que cometan el crimen. Una función a priori positiva pero que arroja mil y una dudas sobre lo que puede pasar si se equivocan o, simplemente, sobre la validez de condenar a alguien por “tener posibilidades de cometer un delito”.

¿Y qué pasa si hay una fuga de datos?

Como hemos visto antes, estamos hablando de 2,5 trillones de bytes en información a diario. Todos esos datos deben ser almacenados, registrados, procesados y devueltos en el momento en que sean necesarios. Al margen de la capacidad técnica de realizar todo este proceso de forma eficiente, lo preocupante es qué pasaría si se produce una fuga de información dentro de una organización que posea miles de millones de perfiles almacenados, bien sea por ataque cibernético o por una filtración interna.

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En los últimos años hemos asistido ya a algunos de estos preocupantes escenarios: PlayStation Network era hackeada y millones de datos bancarios y personales quedaban expuestos en manos de delincuentes internacionales. La alarma fue máxima. Imagínense si en lugar de información bancaria hubieran conseguido también la clave de la alarma de nuestras casas, el código de desbloqueo de nuestro móvil y la dirección del colegio de nuestros hijos. Pues eso puede pasar, aunque los proveedores de seguridad trabajaban a marchas forzadas para minimizar el riesgo.

Sobre el autor de este artículo

Alberto Iglesias Fraga

Periodista especializado en tecnología e innovación que ha dejado su impronta en medios como TICbeat, El Mundo, ComputerWorld, CIO España, Kelisto, Todrone, Movilonia, iPhonizate o el blog Think Big de Telefónica, entre otros. También ha sido consultor de comunicación en Indie PR. Ganador del XVI Premio Accenture de Periodismo y Finalista en los European Digital Mindset Awards 2016.

  • “La actual propuesta para un nuevo marco europeo de protección de datos exige un equilibrio consistente en abordar los principales retos de privacidad y transparencia junto con la consideración de aspectos económicos, dotando a las tecnologías y aplicaciones con funciones de privacidad que mejoren la transparencia y que permitan a los ciudadanos un acceso comprensible sobre los contextos de los flujos de la información. Las reacciones a la reforma son por lo tanto muy diversas y abarcan un amplio abanico de intereses y sensibilidades. No es de extrañar tampoco que algunas empresas y holdings industriales opongan resistencia. Pero, la falta de protección de la privacidad puede disminuir la credibilidad de cualquier empresa y por lo tanto también su valor de mercado. Una apuesta excesivamente arriesgada comercialmente para los tiempos que corren. La propuesta actual contiene varias sugerencias útiles para promover prácticas que mejoren la credibilidad. Estas incluyen normas concretas sobre protección de datos, evaluaciones de impacto sobre la intimidad, la creación obligatoria de agentes de protección de datos en las empresas por encima de un tamaño determinado, y la estimulación de los incentivos económicos a través de los sellos de protección de datos como EuroPriSe .

    Tal vez, no nos sorprenda en exceso, ni represente ninguna alarma especial: es el sino de los tiempos y la servidumbre del progreso. ¿Pero estaríamos igual de indiferentes si alguien supiera, por ejemplo, dónde nos íbamos a encontrar dentro de 560 días, en el futuro?. ¿Imposible?, con los datos adecuados, en la actualidad es posible encontrar información sobre el futuro de una persona. El año pasado, Adam Sadilek, un investigador de la Universidad de Rochester, y John Krumm, ingeniero del laboratorio de investigación de Microsoft, demostraron que podían predecir la ubicación aproximada de una persona dentro de 80 semanas en el futuro. Estos investigadores recopilaron los datos de 32.000 días de tomas de lecturas de los GPS de varias personas y vehículos. Su margen de precisión superó el 80%.”

    http://alenmediagroup.blogspot.com.es/2013/05/odr-identidad-digital-y-big-data-estan.html

  • Icuestiona Todo

    ¿Por qué los datos son el nuevo Dorado? ¿Qué hacen las compañías que
    trabajan con los datos que día a día generan los ciudadanos?, ¿Cuáles son los
    usos?, ¿En qué proyectos de Big Data vienen trabajando las principales empresas
    españolas? http://icuestiona.com/2015/04/30/big-data-internet-de-las-cosas-y-grandes-corporaciones/