Big Data

El Big Data se cuela en los museos de arte de EEUU

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Escrito por Marcos Merino

Crece entre las instituciones artísticas la aplicación de estrategias de análisis de datos hasta ahora propias únicamente de cadenas minoristas.

En el Solomon R. Guggenheim Museum de Nueva York, un equipo de expertos oculta diminutos transmisores electrónico por todo el museo. ¿El objetivo? Permitir enviar mensajes sobre las obras expuestas a los smartphones de los visitantes, al tiempo que recogen información sobre las idas y venidas de los mismos por el edificio. El Wall Street Journal abordaba recientemente en un reportaje una tendencia cada vez más extendida en EEUU: los museos han empezado a aplicar estrategias de análisis de datos hasta ahora propias únicamente de cadenas minoristas, con el objetivo de que estos datos les ayuden a diseñar la estrategia de marketing de sus tiendas de regalos o a optimizar el diseño de la propia exposición de las obras.

El uso del ‘Big Data’ en los museos

Por ejemplo, en el Museo de Arte de Dallas, un programa dirigido a visitantes habituales les anima a hacer check-in en diversos lugares del edificio con el objetivo de ganar puntos para recompensas (desde el aparcamiento gratuito al uso privado del cine del museo, etc). Esos datos se filtran posteriormente para comprender mejor el comportamiento de los usuarios del museo (frecuencias de las visitas, qué obras de arte centran su atención y cuáles ignoran, etc). Mientras tanto, en el Instituto de Arte de Minneapolis se apuesta por analizar datos para tomar decisiones relativas al comisariado de las exposiciones: si los datos indican desinterés por una exposición ya programada, ésta puede ser trasladada a una galería más pequeña, aplazada, reelaborada…

Pero no son los únicos ejemplos: en los últimos meses, el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, el Museo de Bellas Artes de Boston y el Museo Nelson-Atkins de Arte de Kansas City se han lanzado al fichaje de analistas de datos.

Un debate en torno a privacidad, mercantilización y cultura

Este tipo de iniciativas cuentan con dos tipos de opositores: por un lado, los defensores del arte que se niegan a que la revolución ‘Big Data’ altere los criterios artísticos que mueven a las instituciones sin ánimo de lucro de todo el país. Por otro lado, los defensores de la privacidad, que consideran que ésta queda seriamente afectada, tal y como expresa Marc Rotemberg del Electronic Privacy Information Center: “No es que la gente salga de los museos diciendo ‘Me gustaría que el museo supiera mucho más sobre mí, tendría una experiencia mucho mejor’. Esto está impulsado por la posibilidad de aumentar las ventas y la publicidad”. Otros señalan que este uso de la información privada abre las puertas a violaciones de seguridad y posibles demandas como las que han afectado antes a varias empresas tecnológicas.

Pero los museos lo ven de un modo muy diferente: hoy en día, cuando los museos acuden a reuniones con posibles patrocinadores, lo hacen armados con completos gráficos sobre el tipo de personas que acuden a su museo, y las razones por las que lo hacen. Y desde un punto de vista educativo, obtener datos que permiten entender el comportamiento de su audiencia les ayuda a ejercer mejor su labor cultural, encontrando las herramientas más eficaces para educar al público sobre el Arte.

Imagen | Jeffrey

Sobre el autor de este artículo

Marcos Merino

Marcos Merino es redactor freelance y consultor de marketing 2.0. Autodidacta, con experiencia en medios (prensa escrita y radio), y responsable de comunicación online en organizaciones sin ánimo de lucro.