Big Data

Big data y turismo, condenados a entenderse

Escrito por Carlos Domínguez

El desarrollo tecnológico aplicado al turismo es un mercado incipiente, aunque de enormes perspectivas. En España, siendo como es una potencia turística, el de la tecnología especializada aplicada al sector no cuenta con demasiada visibilidad y promoción, si bien la tendencia comienza a cambiar, sobre todo con las grandes cadenas hoteleras.

El desarrollo tecnológico aplicado al turismo es un mercado incipiente, aunque de enormes perspectivas. En España, siendo como es una potencia turística, el de la tecnología especializada aplicada al sector no cuenta con demasiada visibilidad y promoción, si bien la tendencia comienza a cambiar, sobre todo con las grandes cadenas hoteleras.

Antes de la llegada del Big data y de las aplicaciones móviles, existían destinos con alta capacidad de segmentación (no es lo mismo Salou que Marbella, Cancún, Maspalomas o Donostia) que se ofrecían a una masa de turistas anónima y borreguil a la que se segmentaba por criterios meramente socioecnómicos: esta disfrutaba su viaje y regresaba al año siguiente, o bien no quedaba satisfecha y entonces no repetía. Número de viajeros que pasan por el aeropuerto, número de pernoctaciones, tipo de alojamiento y, como mucho, una respuesta cualitativa en el libro de visitas: “awesome, but please change towels”. Fin de la historia.

Conocemos las ventajas de las aplicaciones móviles para el usuario (geolocalización, información 24/7, guías virtuales, entretenimiento, autonomía, alquiler de servicios, gestores de ocio y tiempo libre, seguridad, reservas, viajes, ofertas…) pero ¿qué ventajas tiene todo este desarrollo para los gestores públicos, administradores en destino, touroperadores, hosteleros o proveedores de servicios?

Fundamentalmente, la planificación, ejecución, análisis y redefinición de estrategias, pero con una infinidad de datos en la mano, convenientemente cruzados y gestionados por procesos informáticos.

El Big data aplicado al turismo permite al gestor conocer el volumen real de afluencia de público, a qué dedica su tiempo el viajero, qué monumentos deben ser atendidos con mayor atención al ser los más visitados, organizar resultados estadísticos en función de procedencia, idioma, gustos, necesidades… con perfección milimétrica. Para hosteleros y restauradores, resulta mucho más sencillo calcular el nivel real de demanda con un sistema reglado de reservas; para el sector de los transportes, lo mismo.

Así, en función de los datos recogidos todos los días y transmitidos por un sinfín de aplicaciones y servicios, es posible mejorar exponencialmente los resultados de la gestión turística de una gran urbe, o de un determinado destino (un museo, un monumento, una zona de ocio especializado) para ofrecer al turista exactamente lo que quiere. ¿Y qué mejor modo de saber lo que quiere que conocer su comportamiento y necesidades?

Comienza la era de una innovación turística constante basada en la tecnología, una innovación que entiende al turista, porque lo escucha y lo conoce.

 

Sobre el autor de este artículo

Carlos Domínguez