Análisis Tecnología

¿Qué frena la llegada de Internet de los objetos?

Internet de los objetosInternet de los objetos está cada vez más cerca de convertirse en una realidad palpable, y, por eso mismo, cada vez más cerca de estrellarse de frente contra algunas de múltiples barreras que tiene delante en su camino hacia la implantación definitiva.

La escasez de direcciones IP, el nulo éxito de la domótica o la falta de estándares claros hacen del futuro del Internet de los objetos algo probable -y deseable- pero incierto.

IPv4 no da más de sí

IPv4, el protocolo de direcciones IP que utilizamos hoy se está quedando obsoleto a una velocidad de vértigo. Menos del 8% de las direcciones IP sigue disponible mientras que la red crece en usuarios de manera exponencial. Si ya sería improbable que IPv4 aguantara un aumento de usuarios como el que vivimos actualmente, Internet de los objetos hace absolutamente imposible su pervivencia no ya a medio o largo, sino a corto plazo.

Internet de los objetos supone miles de billones de objetos conectados a la red de redes. IPv6, el nuevo protocolo al que, supuestamente, deberíamos haber migrado hace años, soporta direcciones para 340 sextillones de dispositivos, o, como dice la Wikipedia, algo menos de 50.000 cuatrillones (5*1028)de direcciones para cada humano sobre la Tierra. Indudablemente direcciones más que de sobra para poder como mínimo, avanzar hasta el próximo cambio de paradigma. Como comparación, IPv4 sólo soporta algo más de 4.000 millones de direcciones en total.

Si no migramos a IPv6, y no parece ni inminente ni fácil, Internet de los objetos sencillamente no llegará, o llegará en una versión limitada, reducida y mínima de lo que podría ser: una versión en la que los objetos informan a través de  sistemas RFID o códigos QR.

IPv6

El fracaso de la domótica

Invertir es arriesgar y, a la hora de poner su dinero, los inversores tienen que tener claro que una idea puede tener éxito. A la hora de estudiar los antecedentes de Internet de los objetos la domótica es un paso obligado. A pesar de que el protocolo X10 -el más famoso para la domótica- se creó en 1975, y la universalización de la informática en el hogar, los puestos de trabajo y los servicios, nunca ha tenido el éxito que se esperaba.

Es cierto que el X10 es un protocolo antiguo y relativamente simple. Apenas puede compararse, ni en capacidades ni en número o variedad de dispositivos que podrían ser parte, con lo que propone Internet de los objetos, pero es un antecedente importante y un considerable fracaso tecnológico y comercial.

Domótica

¿Quién marca el camino?

Como otras tantas tecnologías futuribles y en gestación, nadie parece estar tomando una clara delantera en lo que respecta a la implantación de unos estándares sobre los que desarrollar el Internet de los objetos. Cada nuevo proyecto dentro de esta tecnología implementa su propia manera de hacer las cosas, de gestionar y presentar los datos. Pero esto no es el problema.

Cuando pensamos en el Internet de los objetos pensamos en miles de millones de cosas transmitiendo información a tiempo real -o bajo demanda- que ordenadores puedan utilizar para facilitarnos la vida. Esto exige estandarización tanto en la emisión como en la recolección de datos, para que éstos puedan tratarse de manera adecuada. Y si pedir estandarización es demasiado, por lo menos una estructuración adecuada de la información para hacer los sistemas escalables no sólo en tamaño, sino en tecnología.

Es cierto que la parte del hardware está más o menos clara -o aclarándose- pero es la parte del software, y específicamente la parte más relacionada con la nube, la que tiene mucho camino por recorrer para afianzar un camino sobre el que construir una de las tecnologías destinadas -supuestamente- a cambiar de nuevo el mundo.

¿Qué datos serán públicos? ¿Qué datos serán privados? ¿Pagaremos por acceder a la información ofrecida por los sensores, o por la información resultante de su tratamiento?

Fotografías: jamonation, iandavid, oomlout

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Redacción TICbeat

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