Análisis Tecnología

Las preguntas clave para un político 2.0

Ciudadanos en el Congreso de los DiputadosHace unos días hablábamos de algunas ideas preconcebidas y malentendidos sobre la tecnología en la comunicación política. Si no quiere naufragar, cualquier partido o cualquier político que oiga los cantos de sirena de la Política 2.0 debería ser capaz de hacer un pequeño examen de conciencia previo que le permita determinar si su discurso será aplicable y entendible en la blogosfera y en las redes sociales.

1.- ¿Estoy dispuesto a abrir un canal de opinión realmente libre?

La censura, lo que eufemísticamente se llama moderación, es radicalmente incompatible con el espíritu de la red.

2.- ¿Estoy dispuesto a aceptar la opinión de los ciudadanos? ¿Y a acatarla?

Esta cuestión remite al eterno debate entre ideología y oportunismo: ¿debe un político mantener inamovibles sus principios o someterlos al sentir de la mayoría en función de una expectativa electoral? En España, es comúnmente aceptado que los políticos plieguen su opinión personal a la disciplina de partido. Existe entre los ciudadanos la opinión de que un político puede opinar una cosa y su contraria en función de cómo sople el viento o de las indicaciones que reciba por parte del partido al que pertenece.

Con esta percepción, es fácil creer que un político abierto a la opinión ciudadana en Internet no es más que un oportunista sofisticado. En palabras de Juan Luis Cebrián, “se puede caer en una democracia asamblearia a través de la red, que puede derivar en populismo que sólo plantee noticias positivas, y que puede afectar a nuestro sistema de democracia representativa”. Sin embargo, ser un político 2.0 no significa necesariamente ser acomodaticio, sino saber sostener una opinión en un ámbito expuesto al intercambio dialéctico, en el que las tendencias mayoritarias no tienen por qué coincidir con las del mundo real. Por citar el ejemplo más evidente, a nadie se le escapa que determinados asuntos, como los relacionados con la regulación de los derechos de propiedad intelectual, tienen en Internet su mayor altavoz y escaparate para la sociedad.

3.- ¿Tengo capacidad para mantener vivo el canal?

No hablamos de capacidad técnica, que damos por descontado. Las redes sociales no son materia ni para informáticos, ni para becarios de partido político, sino para que los políticos establezcan contacto con el ciudadano a un nivel que no ofrece ninguna otro canal: el nivel personal. Los ciudadanos no esperan de sus representantes políticos (huyo deliberadamente de la palabra líder) que pasen su jornada emitiendo tweets ni publicando posts, entre otras cosas porque no se les paga para eso, sino para ser honestos en su actividad pública, incluyendo también la virtual. Toda acción política en redes sociales debe tener vocación de permanencia en la medida real de sus posibilidades, y no morir para resucitar en el intervalo de cuatro años en que se ordenan nuestros periodos electorales.

En resumen, la pregunta final que hay que hacerse (y no sólo los políticos) es ¿sirven los nuevos medios para los mensajes viejos? Adaptando políticamente el Manifiesto Cluetrain, la respuesta siempre sería que no.

Nuevos medios, soluciones viejas.

Por mencionar un ejemplo reciente, esta semana pudimos contrastar la enorme diferencia de visión entre el proyecto del gobierno de Italia para que YouTube pague una licencia de televisión tradicional y la tendencia del propio canal a ampliar su modelo hacia el contenido de pago para conciliar todos los intereses implicados en la distribución de contenidos audiovisuales on-line.

Ambas son respuestas a un mismo problema, pero una desde la limitación y la otra desde la óptica del negocio. El usuario de Internet queda en medio del debate, y cabe preguntarse cuál de las dos soluciones se acerca más a la demanda del ciudadano.

Fotografía: The Faith Healer

Sobre el autor de este artículo

Cosme Damian